lunes, 1 de octubre de 2012

Hasta de Valencia



Uno, la verdad, es que ya no sabe qué pensar de nada de nada. Ahora voy y me entero de que hasta de Valencia vienen a escuchar ese ruido que meten los ciervos cuando les entran ganas de aparearse con las ciervas. "Es un sonido maravilloso", asegura el alcalde de Polaciones, ya saben, donde nació Revilluca. Pues, chico, no sé, yo no es que vaya a hacer como Houellebeq que en uno de sus famosos poemas llama imbéciles a los que se extasían ante la madriguera de un conejo, pero tanto como maravilloso... dejémoslo en soniquete anodino y persistente y estaremos, creo yo, más aquilatados en la calificación. Porque es que el caso es que cérvidos hay para dar y tomar por todas las partes y ya no te digo si coges, agarras, y te vas a pasear por la Montaña Palentina y aledaños en los comienzos del otoño que es que parece que andan por allí los ciervos haciendo botellón. 

Ya te digo, al parecer hasta de Valencia vienen a escuchar esa cantinela. ¡Válgame Dios!, pues aburridos y con ganas de escapar tienen que estar en aquella ciudad de la luz o como le digan. Y luego, de regreso, dirán a sus amigos: fuimos a los montes de Cantabria, un suponer, a escuchar como berran los cérvidos cuando se ponen berracos, o sea, con ganas de follar, como los jóvenes que hacen botellón, para que me entiendan, que ya saben lo que molestan a la vecindad sin que las autoridades hagan nada para impedirlo porque saben que si no les facilitan el follar lo rompen todo como los de la kale barroca que no es que rompan porque son nacionalistas, no, rompen porque como todo el mundo sabe donde mandan los curas se folla poco. Y entonces los amigos de los que vinieron a la berrea les contestarán, "¡qué guay, pasa el canuto, tío!", que ya se sabe como son de convivales los valencianos.

Así corre el mundo y así se lo cuento por si quieren aprovechar esta oportunidad que se les presenta estos días de ir a ver valencianos y fumar unos canutos con ellos por los montes de Cantabria, o Palencia, mejor, si quieren, que seguro que allí también hay valencianos, mientras escuchan la música extremada/ por las fauces de los berracos gobernada/ que suena/ cuando el aire se serena/ y viste de luz no usada. 

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