miércoles, 10 de octubre de 2012

Civilizada disposición



Me envía Jacobo "The New Rhetoric: A Theory of Practical Reasoning" de un tal Chaim Perelman. Supongo que le habrá movido a ello lo que escribí días pasados a propósito de las leyes que como las mujeres están para ser violadas. O sea, esa gigantesca barbaridad que dijo un político gallego y que en términos de ciencia retórica podríamos calificar como "ironía", es decir, sugerir o afirmar algo que es lo contrario de lo que se piensa o siente. 

Bien, desde la paranomasía al polisindetón pasando por el pleonasmo, la prosopopeya o la epanadiplosis, y no menos la ironía, todas son figuras con las que se trata de seducir al oyente para llevarle al huerto que interesa. El político gallego usó la "ironía" y en vez de seducir, asustó. Sin duda no supo dar con el tono, el momento, o valorar a los interlocutores. Se equivocó en definitiva y de ahí su cese fulminante. 

El caso es que me he tirado media mañana maravillándome con la extensión y profundidad de los conocimientos del Sr. Chaim Perelman, pero después de tragarme medio libro, les confieso, no he sacado nada en limpio. Quizá, me digo, lo que pasa es que lo bueno y bonito viene en las últimas páginas. Lo intentaré más adelante si Dios quiere que me parece que no. 

Para mí lo del lenguaje está meridianamente claro desde que caí sobre una frase que creo recordar, aunque no aseguraría, pronunciaba Antígona en las Fenicias de Euripides. Dice así: "Lenguaje, pensamiento,/ tan raudo como el viento,/ civilizada disposición aprendió/ y esquivar, también, los dardos de las lluvias inclementes. 

 O sea, que a las duras y a las maduras. Y de ahí que si bien las palabras bien dichas constituyen una de las artes más sublimes, no por eso cualquiera con dos dedos de frente dejará de estar atento a los hechos que, esos, ni se los lleva el viento ni se pueden esquivar, simplemente se te ponen delante y les tienes que afrontar sin que de nada sirvan las palabras.

Por cierto, a propósito de los hechos que no se pueden esquivar con palabras, hubo ayer noche un debate en Telemadrid que me pareció de lo más interesante. Había nivel, desde luego. Y sobre todo había allí un tipo que se llama Michele Boldrin, un italiano que es profesor de una universidad americana o algo así, que no deja pasar liebre retórica por gato fehaciente. En fin, que como dijo Michele cuando alguien aludió a la economía sumergida como colchón social, sí, muy bien todo eso, pero la economía sumergida no hace software y, sin hacer software, no hay forma de pagar las pensiones. Eso es un hecho que no se puede obviar con palabras y todos los españoles debieran saberlo a estas alturas por su propio bien. 



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