martes, 31 de julio de 2012

Eficiencia de la creatividad



El cocinero Ferrán Adriá dice que nunca habíamos estado tan mal desde la Guerra Civil para acá. Hombre, un cocinero tiene tanto derecho como cualquiera a decir lo que le dé la gana, pero no hay que olvidar nunca que lo ha dicho un cocinero. Un cocinero que, por otra parte, no sabemos si padecerá o no Alzheimer, aunque así, a primera vista, y por lo que dice, parece que sí. 

Yo, más que estar mal diría que lo que nunca se había visto de la Guerra Civil para acá es hacer tanto el ridículo. Y, francamente, me parece que ello puede ser en parte debido al gran caso que se hace a lo que dicen los cocineros. No hay día que no aparezca en primera página de todos los medios de comunicación un cocinero pariendo genialidades. El mismo Sr. Adriá, con Alzheimer o no, que no sé, va hoy mismo y suelta: "Pero lo que pretendemos es hacer un centro experimental sobre la eficiencia de la creatividad, un lugar donde estudiar sus procesos y auditarla, con la cocina como lenguaje de base en diálogo con otras disciplinas." ¡Leches, pues no sé! Yo, ahora mismo, tengo unas lentejas al fuego y de vez en cuando dejo esto que estoy haciendo para ir a ver cómo van. ¿Acaso es eso "eficiencia de la creatividad"? Y sin embargo, una cosa puedo asegurarles: cuando comamos luego las lentejas nos vamos a relamer. 

Sí, desde luego, en una cosa puede que tenga razón el Sr. Adría, en el inmenso malestar interior acumulado por infinidad de personas que poco a poco van cayendo en la cuenta del enorme ridículo que vienen haciendo de unos años para acá. Tienen su palacete, su todo terreno, sus mariscadas, sus lo que sea que se puede comprar con el dinero ganado fabricando puertas, pero, ¡ay!, no tienen un hijo trabajando en Silicon Valey que es lo que verdaderamente mola. Sobre todo desde que la televisión de la Sra. Aguirre se pasa el día enseñándonos lo que hacen por el mundo los madrileños a los que sus papás les dieron una buena educación. ¡Qué le vamos a hacer!

Sí, desde luego, dolor moral, si es que así puede decirse, nunca tanto desde la Guerra Civil o la noche de los tiempos. Porque va uno a dar un paseo por la costa y se encuentra, un suponer, un pueblo llamado Noja. Bien, no es que esté mal aquello, pero para qué está. Desde luego que no para dar cobijo a los trabajadores de un Silicon Valey cualquiera. Está, simple y estúpidamente, para que el upper level of the low class vaya allí quince o treinta días al año a practicar el walking dead. La ciudad fantasma once meses al año. Se cae el alma a los pies. Sobre todo cuando se piensa en lo que no se invirtió en educar a los hijos... que, ahora, todos camareros quince días al año. El resto, en casa con los papás. 



lunes, 30 de julio de 2012

Trescientos generales




Hay pocas cosas que me fastidien más que traer a colación a esa gente. Me había prometido que nunca mais, pero no es fácil porque día sí y al siguiente también aparecen por todas partes lanzando sus amenazas.


Esta vez dicen que el "gran timonel" se ha reunido a puerta cerrada con sus trescientos generales... sí, si, trescientos, ni uno más ni uno menos, para decirles que ahora o nunca.   Ahora o nunca, hemos de suponer, el "asalto final". Luego, como para suavizar la bravata, añade que será cosa de las dos próximas legislaturas. O sea, ocho años. Ocho años de lamerse las llagas, de dulce lamentar de los trescientos generales haciendo coro al gran timonel. Imagínense el espanto. ¡Denles la independencia ya, porfa!


Pero es que todo eso no sólo es cuestión de corrosión moral sobre nuestros espíritus. Es que todo parece indicar que está perjudicando seriamente a nuestros bolsillos. Porque ningún inversor en su sano juicio arriesga su dinero en un país que no sabe cuales serán sus fronteras mañana. Quién sabe, lo mismo se lían a tortas por un mojón sobre el que las partes no se ponen de acuerdo. 


En fin, que qué desgracia nos ha caído encima. Es que es como una pestilencia que todo lo contamina. Hace tres días, por poner un ejemplo, estaba yo tan ricamente sentado en un terraza del Paseo Cupido de Reinosa. Me disponía a tomar un pequeño refrigerio antes de lanzarme a rodar Hoces abajo. Apareció el camarero con el pedido: un cortado y un bocadillito de jamón. Un pan de Reinosa, o sea, exquisito, y un jamón de tres chorreras por lo menos. ¿Y saben que imbecilidad habían cometido los cocineros? Habían puesto tomate entre el jamón y el pan. ¡Por Dios bendito, buen hombre, eso se hace cuando el jamón y el pan es una mierda! Como el de allá, de donde los trescientos generales. Con material de Reinosa eso es un crimen. Pues bien, ¿por qué ponen tomate al pan en Reinosa? Se lo diré: porque están contaminados por los de donde los trescientos generales. Tan hondo ha calado el mensaje pestilente que no importa destrozar el mejor pan del mundo. ¡Qué desgracia!


En fin, mejor dejarlo. 





sábado, 28 de julio de 2012

Hay lo que hay




¿Cuántas películas se han hecho sobre lo malo que era Hitler? Siete millones, acaso. ¿Cuántas sobre lo malo que era Stalin? Siete escasas. Sin duda es algo francamente sorprendente y digno de suscitar sesudas especulaciones.


En general, oía un día argumentar a una eminencia, el mundo de la cultura es más propenso a escorarse hacia lo que se conoce como lado izquierdo del espectro sentimental. Es en cierta forma natural, discurría, porque la cultura se propone cambiar el mundo hacia mejor o, lo que es lo mismo, combatir la injusticia que, por lo general, no es otra cosa que la imposición de los poderosos o ricos sobre los parias y pobres. Ya saben, aquello de "arriba parias de la tierra" y cosas por el estilo. 


Vistas así las cosas, y dado que lo que más quiere el que vende es clientela, a nadie le puede extrañar que los vendedores de cultura se decanten por dar gusto a los parias que, por definición, son infinitamente más numerosos que los magnates... que, en contra de lo que muchos aseguran, no siempre son unos mangantes y además lo de la cultura se la bufa. Lo más, lo más, se lo encargan a su señora para que esté entretenida y no les de la lata. 


En resumidas cuentas, que solemos decir el mundo de la cultura cuando en realidad deberíamos hablar de la propaganda de las ideas. Una elaborada artesanía donde las haya al servicio del poder. Una elaborada artesanía cuyo ejercicio requiere, cuanto menos, el disfrute masoquista de una cierta hemiplejia moral. O, lo que quizá sea lo mismo, ser capaz de interpretar el mundo como un todo después de haberlo observado por el ojo de una cerradura. 


Bueno, estaba pensando en estas cosas porque se da la circunstancia de haber sido cambiadas recientemente las personas que estaban al frente del aparato de propaganda del  Estado. Algunos decían que aquí, en España, habíamos alcanzado ya ese grado de madurez que coloca al susodicho aparato de propaganda al margen del color del gobierno del momento. No sé, puede que sí, puede que no, pero yo tiendo a no creérmelo en absoluto. De hecho no creo que eso pase ni siquiera en Inglaterra, ni mucho menos en Francia, cuyas televisiones oficiales sigo con asiduidad. Aunque, claro, en esos países el grado de sutileza alcanzado hace innecesario estar dando la nota de cambiar a las personas. Allí saben ya que para cambiar todo el significado de un mensaje basta con mover una coma un par de palabras más allá. Es lo que tiene la veteranía. 


Pues bien, lo veo normal que los gobernantes quieran tener el control de la propaganda. Quizá no sea más que una ilusión, pero la pretensión de moldear las conciencias es inherente a todo ejercicio del poder. Llevar a cuantos más mejor hacia la forma de ver las cosas que a mí me favorece. Una artesanía laboriosa, ya digo, que unos dominan mucho mejor que otros.  Dominan mejor, o lo tienen más fácil, pero hay lo que hay, como les decía, siete millones de películas sobre Hitler y el filón sigue dando dividendos y apenas siete sobre Stalin y no todas para denigrarle. 

jueves, 26 de julio de 2012

Desconfianza




Lo venía sospechando y hace dos noches lo confirmé. Todo lo que está mal es susceptible de empeorar. Estaba el otro día distraído y me dicen, mira, mira, y entonces voy y veo que en el telediario de la 1 esta un perro lamiéndole la cara a un niño de un año que abre la boca para que el perro le meta la lengua y toda la familia contemplándoles arrobada porque un estudio filandés ha confirmado que los niños que tienen contactos con animales tienen menos infecciones y alergias. Así de sencillo. 


Me parecía de todo punto imposible que se pudiese superar a los socialistas en zafiedad e ignorancia, pero a los hechos narrados me remito para justificar mi impresión de que los populares les dan sopas con ondas en cuanto a garrulería y estupidez. Y ahí está el quid de la cuestión, que todo el mundo se ha percatado de tan detestable realidad y no quieren tratos con nosotros. 


Esto es más o menos lo que venía a decir el otro día un economista, profesor en una universidad americana, en el debate de los martes en Telemadrid. Porque una cosa les tengo que advertir, el debate de los martes de Telemadrid ha aumentado de calidad en los últimos tiempos de una forma casi incomprensible. Ya apenas participan periodistas que, por otra parte, juegan el papel del tonto útil por aquello del contraste. La mayoría son economistas de reconocido prestigio y algún político de rango europeo. 


Decía el buen profesor con su español aprendido: ven ustedes, si ahora nos estuviese viendo algún inversor privado,   que no nos estará viendo, de inmediato diría, no, yo allí no voy a invertir porque esa gente no sabe lo quiere. Porque todavía están que si el Estado tiene que ser así o asao. Así se genera desconfianza que es el principal enemigo de la economía. Y déjense ustedes de hablar de especuladores y de echar la culpa a las instituciones europeas. Eso son tonterías de ignorante. Lo único que cuenta es la actitud de los grandes inversores hacia España. Si no se fían, no hay nada que hacer. Y no se fían porque el coche en el que estamos viajando está claramente averiado. De momento son los propios inversores españoles los que han sacado 300000 € del país en lo que va de año. 


Bueno, y hoy hay que leer el órgano oficial de la burguesía catalana que, para no ser menos, y con motivo del tener que pedir "los catalanes"ahora su rescate a "Madrit", se dedican a echar más leña al fuego de la desconfianza. Que si me separo que si no me separo, no se le acaban nunca las hojas a la margarita. De hecho no vienen haciendo otra cosa desde aquella famosa "transición" que tanta envidia causaba a unos y admiración a otros. ¿Se acuerdan de que no parábamos de dar lecciones a diestro y siniestro?


Y entonces va un periódico francés de izquierdas y nos dedica la portada. ¡Perdidos!, dice sobre fondo de bandera. Bueno, a los franceses, sobre todo si son intelectuales de izquierdas, o sea, casi todos los franceses, les encanta pontificar sobre lo mierdas que somos los españoles. Menos mal que como uno sabe que son intelectuales de izquierda se lo toma a chirigota. Afortunadamente hay unos pocos franceses que no son de nada y nos respetan bastante. Incluso puede que nos quieran. 


En fin, menos mal que el tiempo huye veloz y pronto pasará el verano y yo dejaré de soñar con cuestas que no puedo subir. ¡Puto clima de costa! 





miércoles, 25 de julio de 2012

Un peu monotone




Había una frase que se solía repetir mucho por aquellos años del cuplé así que hubiesen caído al coleto un par de copas: seremos pobres, pero hay que ver todo lo que nos reímos. 


Bien, pues parece ser que estamos en las mismas. Truenan las alarmas económicas anunciando descalabros terroríficos y al pueblo soberano se la bufa. ¡Estamos en fiestas, tío!


El otro día salimos por ahí a bajar la cena y fueron maravillas lo que vimos. Ahí al lado, junto a la residencia de los ancianos, las casetas de las casas regionales competían entre sí por hacer sobresalir su particular charanga. El bullicio era indescriptible. Y todo ello sumergido en el humo y los aromas de la fritanga. Fritanga para parar un tren, sobre todo en la de Andalucía. Risas, bailes, trajes regionales... aquello era la apoteosis de los sentidos. No se me alcanzaba qué podría haber más allá. 


Anoche volví a intentar bajar la cena y tuve que desistir. Por donde quiera que fuese las calles estaban atiborradas de coches que rugían de dolor por no poder avanzar. Pregunté a un transeúnte por las causas de aquella singular situación. Y así fue como me enteré de que se trataba del éxodo de los romeros hacia las playas del Sardinero. Por lo visto iban a tener lugar allí unos muy vistosos fuegos artificiales. Un peu monotone, n´est pas?, que diría Monsieur Poirot. Pero también las misas y procesiones son monótonas y a la gente le gusta acudir. Porque se trata del rito y el rito es la comunión. Y el que no sea capaz de pillar comulgando que se olvide. 


¿Prima de riesgo, dice usted? Pues bien, como reza un axioma aragonés: el que mea claro y caga duro que mande al médico a tomar pol culo. Y a vivir que son dos días. 

martes, 24 de julio de 2012

Sentido de la historia




Pero qué demonios está pasando aquí.  Si fuese un conspiranoíco pensaría que hay por ahí, en alguna especie de Olimpo, unos tipos poderosos que están moviendo los hilos en el sentido que más les conviene para preservar sus privilegios sin importarles un pepino los estragos que van dejando a su paso. Pero, claro, uno, que ha leído a Tucídides, sabe de sobra que conspiranóico e imbécil, o ignorante si les gusta más, viene a ser más o menos lo mismo. Tucídides nos enseña, entre otras cosas, que es imposible entender desde el presente los íntimos mecanismos que están marcando el sentido de la historia. Por así decirlo, uno suele apuntar muy mal cuando se pone a señalar las palancas que están moviendo el engranaje. Pasa el tiempo y salen a la luz los verdaderos motivos y te das cuenta de que no habías dado ni una en el clavo. Y si diste una, fue por casualidad, porque como eres un largador profesional y tiras a graneo es normal que de vez en cuando le partas el ala a alguna paloma que pasaba por allí. 


Pero, bien, una cosa es no saber lo que está pasando y otra no ser consciente de que lo que está pasando no es uno de tantos episodios del normal transcurrir. Indudablemente, todo apunta a que estamos atravesando un periodo de los que hacen época. Como un surco más profundo de lo normal para separar el antes del después. Sabemos del antes y de algunas de las semillas y fertilizantes que cayeron en el surco, pero no tenemos ni idea de lo que va a crecer en él después. Aunque, claro, cuesta poco comprender que ponerse a especular sobre lo que vendrá puede ser divertido e incluso tranquilizador, sin olvidar a los hacen de ello su ganapán. 


En cualquier caso, una cosa es segura, cuando se tranquilicen las aguas habrá sido porque las estructuras por las que nos regiremos se adaptarán mucho más a la realidad social que lo que lo hacen las actuales. Porque esa es la cuestión y la madre de todos los males de la historia, que la sociedad avanza y las estructuras tienen una querencia insufrible al anquilosamiento. Bueno, bien, supongo que ahora para no caer en la charlatanería barata tendría que especificar a qué y quién me estoy refiriendo cuando digo sociedad que avanza y a qué y quién cuando digo estructuras que se anquilosan. Y no por nada si no porque, al respecto, es muy fácil caer en los tópicos al uso. Resumiendo para no cansar, diré que, en términos generales, avanzan los valientes y se anquilosan los cobardes. Sí, esfuerzo contra pereza mental. O, disfrute contra aburrimiento, si quieren. Solitarios contra vampiros, quizá.


Esperar para ver y que el futuro nos coja lo más aprendidos que nos sea posible. 











lunes, 23 de julio de 2012

El cebo escatológico


Los seres humanos somos tan ingenuos, por no decir simples, que nos pasamos la vida imaginando microcosmos idílicos en los que, supuestamente, las sevicias inherentes al cotidiano existir desaparecerían como por ensalmo. Es una ilusión de lo más idiota que uno se pueda imaginar, pero no hay forma de sacársela de encima a no ser que las necesidades elementales se encarezcan tanto que no te den respiro. 


Observen la foto de arriba. Es un cebo perfecto. Millones de personas le muerden cada año y tienen que soltar mucha pasta y pasar no pocas molestias antes de poder desengancharse del anzuelo que se oculta en las entrañas de semejante pastiche. ¡Ay, la melancolía! Que malas pasadas nos juega. Sentado frente a la ventana un bello atardecer de verano, viendo como pasan las barcas por el canal mientras alguien a lo lejos interpreta una sinfonía de Scarlatti. Es una pasada. Ni te entran ganas de cagar ni nada y, menos mal, porque esas casas para ser auténticas sólo podrían disponer de una letrina que evacuase directamente sobre las aguas del canal. 


Perdonen que me haya puesto un poco escatológico que le dicen. Pero es que me da que todo este montaje tiene mucho que ver con el submundo de las realidades últimas -nada más último que la mierda, aunque también pueda ser principio- . Y la esperanza, realidad última donde las haya, de la Gloria. Esa Gloria que prometen todas las religiones a sus fieles seguidores. Ven a verme, dice esa fotografía cebo, y la tendrás. Eso sí, estarás ya en la otra vida. Walking dead, el gran invento del siglo: siguen pagando el IVA. 


Bueno, bueno, menudo cuento que se ha montado aquí a costa de los encantos de los tiempos pretéritos. Ya digo, el próximo gran negocio será montar letrinas que evacuen directamente sobre el canal. Más auténtico, y mayor Gloria por tanto, imposible. Y con un 21% de IVA, a diez euros la cagada, da para depurar las aguas y lo que haga falta. 


domingo, 22 de julio de 2012

Animales




Vaya por Dios, los socios de WWF han decidido por abrumadora mayoría retirar la presidencia de honor a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos por haber ido éste en su día a cazar elefantes a Botsuana. Los chicos de WWF son unos payos que pretenden dedicarse a conservar "el planeta vivo". ¡Ya te digo! Con un corazón de oro. Por así decirlo, amamantados a los pechos de Walt Disney.


Ayer íbamos paseando por la orilla del mar y digamos que el noventa o quizá el noventa y cinco por ciento de la gente que por allí andaba se hacía acompañar de perros. Digo perros porque ya es raro el que sólo tiene uno. Hicimos casi todo el camino sin hacer comentarios al respecto, pero en un momento determinado, por ser tanta la insistencia de sus presencias o por el tamaño de sus cagadas que obligan a mirar todo el rato hacia el suelo, saltó el tema y no fui yo, precisamente, el desencadenante. "A mí, que conste, me gustan los perros, a ti es que no te gustan". ¡No, por Dios, así no vamos a ningún lado! ¿Qué coño es eso de que te gustan o no te gustan los perros? Nunca me podría plantear en esos términos la discusión. El perro, conviene recordar, es un animal. Un animal fácilmente amaestrable, por cierto. Dado lo cual puede ser de cierta utilidad para determinadas circunstancias. ¿Cómo no me va a gustar? Me gusta y mucho cuando es útil en esas determinadas circunstancias. Pero nunca me creeré que el perro es un ser con inteligencia y sentimientos, o alma si quieren, y que por tanto puedo establecer con él una relación de igual a igual, o sea, que puede aliviar mis dolorosas soledades u otras carencias del espíritu. Eso sería idiota. Los animales actúan sólo y exclusivamente por instinto aunque, a veces, dada la complejidad de esos comportamientos, parezca que es algo más. 


Pongamos que hablamos de coches. Los ves por la ciudad y los odias. Luego, un día lo utilizas para acercarte a la montaña que vas a subir o al super en el que te vas a proveer y te parece un instrumento ideal. Es el uso que le das el que dignifica o envilece el objeto. Y el perro, lo siento, es un objeto. Si te sigue la pista de un malhechor con su sorprendente olfato, o guía los pasos de un ciego, se convierte en un objeto precioso. Si caga en mitad de la acera, o ladra, o muerde, o trasmite trasmite enfermedades, es un objeto pestilente. 


Bueno, no se me oculta que dadas las circunstancias actuales mucha gente las está pasando canutas y no es extraño que busque todo tipo de remedios. El perro parece ser uno, y muy eficaz si nos atenemos a las apariencias, para los males de la autoestima. El perro, con su instinto de sumisión lobuna, hace vivir a su dueño la ilusión de haber conseguido al fin tener al lado a alguien que le quiere con locura sin esperar nada a cambio. Craso error. Lo mismo que el coche no anda si no le echas gasolina y le sometes a las preceptivas revisiones, el perro te dejará de querer y te morderá si no le prestas todos los cuidados a los que se hace acreedor por su fidelidad acrítica.  


Total que anteanoche paseaba por el barrio de Cazoña, que, por cierto, está lleno de cagadas, y pude escuchar como una señora que llevaba perro echaba pestes de alguien que le había afeado la conducta. Hoy cuando bajaba a la compra, al sortear una considerable cagada, he escuchado la indignación de un dueño de perro  que sin duda acababa de recibir una advertencia admonitoria por parte de un ciudadano responsable. 


En fin, en cualquier caso una cosa les puedo asegurar: a mí Walt Disney no me ha convertido a su religión. Ni creo que lo vaya a conseguir, porque para mí está más claro que el agua que los animales no tienen alma. Y que en su inmensa mayoría en donde mejor están es o tirando del carro o en la cazuela.   



sábado, 21 de julio de 2012

La bolsa o la vida




Ni voy a ocultar que tengo mi dinero invertido en la bolsa ni voy a negar que ando preocupado por el cariz que están tomando los acontecimientos. Aunque también quiero serles sincero y decirles que lo que más me está fastidiando en estos momentos es el incesante zureo de unas palomas que se han instalado en el balcón del piso d arriba, que esta desocupado, y no forma ni de echarlas ni de hacerlas callar. 


El caso es que la bolsa cayó ayer un 6% y la prima de riesgo subió a niveles que en opinión de los expertos es insostenible. Y todo esto aunque, ya digo, me preocupa, lo que en realidad hace es entretenerme porque, cada vez más, todo este maldito embrollo esta tomando, creo, las características de una guerra entre muy diversos intereses que poco tienen que ver con lo que a primera vista nos concierne. 


Porque ya sabemos que aquí no se han hecho bien las cosas y que estamos empeñados, pero también, vamos, miramos, y constatamos que hay muchas cosas admirables, gente muy preparada, empresas modélicas, infraestructuras de quitar el hipo, unas reformas estructurales de aquí te espero... un país, en definitiva, de los pocos que pueden ofrecer ciertas garantías de éxito a cualquier inversor que quiera arriesgar su dinero. Y sin embargo hacemos figura de apestados, ¿por qué será? 


Bueno, hay quien dice que es aquí, en España, donde se está dando la batalla definitiva de las monedas fuertes. El Euro estorba a la libra, pero sobre todo al dolar. Y, según he podido entender en algunos de esos debates que me trago, los conservadores americanos han hecho del fracaso del euro la palanca para tumbar a Obama. ¡Vaya usted a saber! Bueno, entre unas cosas y otras y la madeja se enreda y sólo nos queda esperar hasta encontrar el cabo suelto del que tirar para empezar de nuevo. Los devaneos de la historia en definitiva. 


Así que, como nada podemos hacer, nos vamos toda la peña a dar un paseo por la costa y comer unas friandises donde la necesidad apriete. 




viernes, 20 de julio de 2012

Recortes Ciudad de Santander




El cartel esta pegado en las paredes del barrio por doquier. Cuando lo vi pensé que iba de coña. Pero no, qué va, es el anuncio de una exhibición más de las habilidades del machito español. Lástima que esas habilidades cuenten poco a la hora de cuadrar balances. Concurso de recortadores. ¡A ver quién da más!


El caso es que hoy me entero de que, con concurso o sin él,  van a recortar las prestaciones de la biblioteca central del Comunidad de Cantabria Y Demás Hierbas. Van a mandar a su casa a veinte de los trabajadores que andaban por allí y van a cerrar sábados y domingos. 


Yo, cuando vi esa biblioteca hice algunos comentarios críticos que no me pareció que fuesen muy bien acogidos. En principio me pareció mucha col para tan pequeño caracol. Acababa de ver la biblioteca municipal de Palencia y no había color. Juraría que en la de Palencia, infinitamente más modesta de continente, hay como cien veces más de fondos. De cine, ya, ni hablo, porque en esta de Santander, a la escasez de películas hay que añadir el grado de deterioro en que se encuentran. La mayoría no se pueden ver enteras. 


Reconozco que la Biblioteca Central es un gran espacio de encuentro. Como la Estación de Pensilvania de New York o algo así. Grandes espacios, wifi, mesas, sillas y butacas, prensa nacional, fines de semana abierto. Todo eso está muy bien para aliviar los ocios del personal más avisado, pero... los perinquinosos peros que decía el gran maestro Critilo, cuesta mucho dinero mantenerlo que de alguna parte ha de salir. 


Al final, como es preceptivo que diría un sindicalista, la naturaleza hace su trabajo y las aguas vuelven a su cauce. Hay lo que hay y estamos en los tiempos que estamos... que no son malos, por cierto, en lo que a gratuidades hace. Nunca estuvieron todos los libros del mundo más al alcance de cualquiera.


El problema es que hay unos políticos ignorantes y listillos que gobiernan a una población de nostálgicos ociosos más o menos depresivos. Una cosa sobre otra te da como resultado montajes ampulosos e inútiles, y carísimos por demás, propios de tiempos pretéritos. ¿¡Por Dios bendito, pero a donde va usted con una biblioteca como esa en pleno siglo XXI!? Todo apariencia, como gusta a los ignorantes y a los nostálgicos, y escaso contenido como anhelan los perezosos mentales. Los unos sobre los otros, el baile de los vampiros. Y a chupar de la piragua.


Pues no, mire usted. Cualquiera que se haya preocupado un poco por saber de qué van las cosas de este mundo sabe de sobra que hacer una biblioteca pública como esa de la que estamos hablado en estos tiempos que corren es una mamarrachada. Hoy día todo el que quiere sabe que, coges, agarras, haces click con el ratón, y en menos de lo que canta un gallo ya tienes el libro que deseas en el ordenador. Luego, si quieres, lo pasas a un kindle para poder leerlo mientras vas en el tren, autobús o metro. Es muy sencillo todo, y si las autoridades quieren echar una mano por aquello de no verse marginadas en algo tan prestigioso pueden facilitar portales en los que la descarga sea más sencilla si cabe. 


En fin, que qué caro es pasar por el aro cuando uno se resiste. 

jueves, 19 de julio de 2012

Mundo de cobardes




En absoluto quiero ser un Jeremías cualquiera. Antes bien soy absolutamente partidario de que a lo hecho, pecho. Y seguir tirando para adelante tratando de desentrañar, por ejemplo, los entresijos de esa verdad inapelable que es el que e elevado a i por pi sea igual a menos uno. Me romperé la cabeza antes de conseguirlo, pero lo voy a intentar porque estoy convencido de que merece la pena redimirse un poco. 


Lo cual no quita para que, imitando a Robinsón Crusoe, culpe a mi mala cabeza de las muchas calamidades en las que me vi, y acaso me veo, incurso y, también, de otras más generales que contribuí a generar fundamentalmente por mi cobardía.


Sí, la cobardía, esa flaqueza del espíritu que te lleva a tener pensamientos completamente equivocados respecto a las formas ideales de organizar la convivencia. Formas ideales, es decir, fuera de la realidad. La cantinela esa de que como todo el mundo es bueno ya sólo queda organizar el reparto para que nadie se quede fuera de la bicoca. Y así fue que entre yo y tantos otros como yo, empujando como locos, conseguimos que la organización del reparto estuviese tan bien organizada que apenas quedase espacio para el qué repartir. El qué repartir, o sea, el pastel que tanto esfuerzo cuesta fabricar. 


Sí, es todo cuestión de cobardía, bien plasmada por cierto en la frase que más se suele repetir en la mayoría de los hogares pequeñoburgueses: tú, hijo, lo primero, algo seguro. Algo seguro, que es como decir convertirse en parásitos de los valientes que fabrican el pastel. Bueno, más que parásitos,  en las condiciones actuales quizá convenga decir saprófitos porque de lo que se están alimentando es de materia en descomposición. Un matiz nada desdeñable.


Sí, no voy a llorar por no sentirme orgulloso de lo que hice, pero quiero dejar constancia de que fui fundamentalmente un cobarde. Y de que no tengo nada, absolutamente nada, de lo que poder presumir. Con lo que eso duele.



miércoles, 18 de julio de 2012

La competencia





















Sé de sobra que muchos de los que me conocen piensan que una entre tantas de mis excentricidades es la de no querer turistear. Es como si no pudiesen concebir que haya gente a la que le aburren de muerte ese tipo de prácticas. Y entonces se inventan cosas como que te da miedo volar y otras extravagancias sin el menor fundamento. No, es simplemente que no le veo sentido al plantarse allí donde nada tengo que hacer ni nadie me espera. Y para ver cosas ya tengo la tele, la que llega por el satélite ASTRA que no ahorra rincón del mundo, tanto cuando en ellos pintan bastos como cuando los cuentos son de hadas. 


Así y todo, de vez en cuando agarro la bicicleta y me voy por ahí a dar una vuelta. Vuelta que a veces dura días. Ocho días, cuartocientos kilómetros. A dos kilómetros la hora aproximadamente. Una forma de turistear como otra cualquiera, pero con más demora en el detalle sin aparente interés por aquello de que en algo hay que entretenerse. 


Pedaleas, a veces con esfuerzo y toda la mente en blanco, pero, mayormente, es un venga y dale automático e imperceptible que te hace avanzar mientras por el cerebro transcurren episodios, ya sean del recuerdo, ya sean relacionados con lo que a la vista se ofrece. Y, luego, un continuo parar para lo que podríamos denominar "lances de encrucijada". Por aquí o por allí, las decisiones tienen que ser meditadas, porque con la bicicleta no se puede pisar el acelerador para salir de un mal trance. Si te equivocas, te tragas todo el marrón y sabe Dios si llegarás a tiempo para encontrar posada. 


En resumidas cuentas, ocho días por Castilla viendo cosas, hablando con gente, y meditando sobre el "estado de la nación".  Porque, sí, son tiempos para pensar y no por nada sino porque, día a día, vamos viendo como disminuye de forma alarmante la piel de zapa. Peau de chagrin en el original.  Chagrin, que es una piel, de la grupa de los équidos, que tiende a retraerse, pero que también significa sufrimiento moral... en fin. 


Bueno, este año las cosechas de cereal no han sido muy buenas que digamos. Todavía hay parcelas sin cosechar y ya sea trigo, cebada, centeno o avena, se las ve, por así decirlo, ralas, con una densidad miserable. De hecho se ve una cantidad sorprendente de cultivos de girasol. Para mí que los agricultores a la vista de la pobreza del cereal han decidido arar los campos y sembrar esa oleaginosa que si hay suerte con el clima puede salvarles el año. Todo esto por lo que hace al secano, porque en lo que hace al regadío, que es mucho, es otro cantar. Creo que ya les conté en entradas anteriores. El Páramo leonés, la Vega del Esla, territorios bastísimos convertidos en vergel. Sin duda, alguien competente tuvo que ver con que eso sea así. 


La competencia, eh ahí la cuestión. Creo que fue Agustín de Foxá el que dijo que la dictadura franquista fue bastante llevadera no porque los censores franquistas fuesen mancos sino porque eran mayormente unos incompetentes. Es muy probable que Don Agustín tuviese razón. Porque en este país, sin duda, hay gente competente que hace presas y sistemas de regadio, y otras muchas cosas formidables, pero luego, vas por ahí, paso a paso, mirando de cerca, y no puedes sino pensar que si "la piel de zapa" se retrae a tal velocidad no es por la maldad o codicia de la gente, no, es simplemente por la preponderancia de la incompetencia. La incompetencia, esa cualidad que está tan íntimamente relacionada con la estupidez que a veces se confunde con ella. 


La incompetencia en el sector público, ya se lo he contado, es apabullante. Nuestros políticos tienen una verdadera pasión por parecerse en desmesura a las tiranías del Golfo. Tal es la desproporción de las obras públicas acometidas en municipios a todas luces modestos. Ya les conté que en algunos se podrían celebrar juegos olímpicos sin recurrir a obras suplementarias. Y, luego, que como ya va para dos años que dura la crisis, todas esas rimbombancias, a falta de mantenimiento, van tomando un aspecto como de Max Mad, ya me entienden. 


Pero el sector privado, en lo que a la hostelería hace, no le va a la zaga en incompetencia al sector público. A Castilla la Vieja me refiero que es lo que acabo de visitar. Hay dos extremos, ya saben, o quemar al santo o no alumbrarle. De alumbrarle sin quemarle, apenas he visto ejemplos. Por un lado, el tipo cutre, que sigue anclado en los tiempos de maríacastaña en todo menos en los precios. Son los que se quejan amargamente de lo miserables que son los sufridos peregrinos extranjeros. Gente ignorante, y vaga por demás, que siguen en una especie de paleolítico, es decir, en plan cazadores-recolectores, que no necesitan nomadear porque las presas y los frutos les viene a las manos. Luego, están los otros, los que ponen duchas de cursillo previo y practican la cocina de altísimos vuelos. Que por pretensiones no quede, como si todos los desgraciados que practican el turismo cultural fuesen, ya digo, jeques del Golfo, porque los precios... claro, se pueden imaginar, vacío casi absoluto si no fuese por algunos extraterrestres que de vez en cuando nos descolgamos por allí. 


Bueno, en cualquier caso, turistear en bicicleta por Castilla es de las pocas cosas a las que todavía les encuentro algún sentido. Hay gente muy amable y que habla muy bien. Se lo puedo asegurar. Por no hablar del paisaje y la arquitectura. En fin. 

lunes, 16 de julio de 2012

Los nombres de las cosas




Al pasar por Boadilla de Rioseco he podido comprobar que tienen una calle dedicada a Fragoso del Toro. Fragoso del Toro era periodista, pero por lo que le conocía todo el mundo no era por sus méritos profesionales, que quizá los tuviese, sino porque era ese tipo de hombre que, por decirlo en luminosa expresión del inolvidable Dr. López Vélez, entra por el portal de su casa bajándose los pantalones. Y así era que no había año en el que no cayese un hijo. Acaso dos. Acumuló tantos que, año tras año, en la fecha convenida, en ceremonia organizada al efecto, Su Excelencia el Generalísimo le hacía entrega del galardón al que se había hecho acreedor por su inigualable puntería genésica. Efectivamente el señor Fragoso del Toro era como un toro y además como un toro fragoso. Y ahí residía precisamente la gracia  y encanto de aquellas exaltaciones patrióticas encaminadas a repoblar los páramos, en que su máximo exponente unía a la función el nombre más apropiado que se podía concebir. Porque, imagínense que soso hubiese quedado todo si en vez de Fragoso del Toro el galardonado se hubiese llamado Manso del Cordero. Sin duda no hubiese sido lo mismo.


El caso es que si me ha dado por divagar a propósito del Sr. Fragoso del Toro no ha sido por casualidad. Es porque últimamente estoy comprobando que, por lo que sea a la gente le está dando por nombrar a las cosas de una forma un tanto chocante. El otro día entramos a comer en una bodega de Santander y el vino que nos dieron con el menú se llamaba "gulag". En otro lugar el vino se llamaba "rictus", una palabra que aunque debe significar gesto se le suele asociar al gesto que se pone cuando uno la está palmando. Rictus de muerte, se suele decir. Y hoy, al parar en la plaza mayor de Villada he visto que hay allí una fonda que se llama "La carcel". No sé, pero me da qué pensar todo esto. Acaso sea, me digo, que la crisis y todo eso hace aflorar el gusto por lo siniestro. Es difícil saberlo. 


Total que hoy hemos recorrido los 50 kilómetros o así que separan Villalón de Carrión de los Condes de una sentada. Y con el viento en contra todo el rato para más inri. Hemos llegado reventados, justo a tiempo para repostar en el restaurante Cortes. Estaba de bote en bote, pero el dueño nos ha reconocido de anteriores incursiones y nos ha instalado al momento. El dueño es un francés, creo, de apellido Lacort. Y desde luego que sabe bien lo que se hace porque parece tener acaparada toda la hostelería de Carrión. O casi toda. Y es que se lo sabe montar. La comida está muy buena y el ambiente, mezcla de autóctonos y peregrinos acomodados, es, ya digo, bon enfant. Y no falta el humor: hoy hemos comido manos de ministro que es como en el restaurante Cortés llaman a las manitas de cerdo. En fin, estaban deliciosas, igual que las alubias pintas del principio. Aunque claro, después de toda la mañana pedaleando contra la brisa del norte... 


Bueno, me parece que con esto y un bizcocho... mañana decidiremos, pero por mí, de aquí a Frómista a tomar el tren y a dormir en casa.  



   

domingo, 15 de julio de 2012

En la picota




En Villalón de Campos hay una picota isabelina en mitad de la plaza. Como es lógico y natural el ayuntamiento la ha restaurado y la mantiene impecable a la espera de que vengan los turistas a fotografiarla y, de paso, a consumir algo en los diversos establecimientos del pueblo. Quizá se lleven un queso de Villalón que es de sobra conocido allende las fronteras de la comunidad autónoma por su sin par calidad 


En la antigüedad antigua, cuando ataban los perros con longaniza, en la plaza de cada pueblo había una picota. Cuando alguien se portaba mal le mantenían encadenado a la picota unos cuantos días. La gente pasaba por allí y si tenía ganas escupía al reo o, simplemente, le escarnecía de palabra. Poco a poco, con los adelantos supongo, se fue perdiendo esa sabia forma de justicia. Y así fue que fueron desapareciendo esas picotas de la mayoría de las plazas y se fue perdiendo la noción de su significado. Tan así fue que algunos curas párrocos consideraron que aquellas altas columnas les venían como de molde para colocar encima a una Inmaculada, ya fuese de Fátima o de Lourdes. Yo puedo dar fe de un par de esas entronizaciones marianas en la picota. Por lo demás, las pocas que se han salvado de la quema lo han sido por tener algún tipo de valor artístico, cual es el caso de esta de Villalón u otra que hay en un barrio de Becerril de Carpio. Y, cosa curiosa, la gente no las conoce por el nombre de picota sino de "rollo". Y, según he podido comprobar no pocas veces, la mayoría piensa que han estado allí siempre con una función decorativa o cosa por el estilo. 


El caso es que salimos de la Villa Coyantina con el frescor de la mañana. Al poco tuvimos que enfrentar la subida a los oteros que limitan la vega del Esla por el este. Bueno, en frío siempre cuesta un poco más subir. Y ya no te digo si te lo estorba un vientecillo cabroncete que no estaba entre las previsiones de la AEMET. ¿Por qué tenía que soplar hoy del este?  Sea como sea, acabamos por coronar la dificultad y a partir de ahí todo fue coser y cantar. Suaves colinas cubiertas en su mayoría por los rastrojos del cereal recién cosechado. Bastante girasol un poco más adelante y, ya, en las proximidades de Mayorga unas enormes plantaciones de  viñas de la modalidad "prieto picón".  Como para emborrachar, si no a medio mundo, sí a media España.  


En Mayorga, paramos en la plaza a repostar. Como ha sido siempre costumbre y supongo lo seguirá siendo por los siglos de los siglos, en el café de la plaza, todos, excepto la camarera, de poco buen ver por cierto, eran hombres. Bueno, el café y el pincho de tortilla estaban muy buenos y, luego, allí a la sombra, contemplando ese tipo de plaza de los pueblos que no han sido tentados por la idea de ponerlo todo bonito para que vengan turistas. Plazas despejadas, de una estética sobria, a merced de los elementos... uno se siente como en casa. Hemos preguntado a unos tipos que había por allí sobre la mejor opción para llegar a Villalón y daba gusto escuchar la claridad y concisión de sus explicaciones. 


En Villalba de la Loma hemos extendido el saco a la sombra de una torre y hemos echado un somero sueñecillo reparador. Luego, sin parar, hasta Villalón. Estamos alojados en la Venta de Alós. Hemos comido verduras a la plancha, palominos, huevos con jijas y tarta de queso de Villálon. Estaba bueno. Parece ser que el cocinero ha ganado algún diploma en algún concurso. Al menos eso es lo que atestiguan unos recortes de periódico pegados en la pared del comedor. Después de comer hemos subido a la habitación y me he dispuesto a tomar una ducha.  ¡Válgame Dios! Como no tengo hecho cursillo de duchas contemporáneas ha tenido que subir el mentado cocinero que también es dueño del establecimiento a sacarme de una situación comprometida... con el agua hirviendo y todo el champú en los ojos. Bueno, al final todo se ha solucionado de la mejor manera, pero una cosa les puedo asegurar, tan pronto acabe este viaje me voy a apuntar al primer cursillo de duchas que encuentre en internet. Porque así, con esta ignorancia no se puede andar por el mundo. Y menos por Castilla que, ¡leches!, les costó tener duchas, pero una vez tenidas no quieren ser menos que nadie. 


En fin, no sé para donde tiraremos mañana. Sobre la marcha.  

sábado, 14 de julio de 2012

Hotel Villegas












El Hotel Villegas de Valencia de Don Juan es cosa digna de mención. Nos gustó tanto que decidimos solicitar de las hermanas Villegas otro día de alojamiento. Porque no es fácil en estas fechas acceder a tal beneficio. Afortunadamente fuimos agraciados y el día de hoy lo hemos dedicado a profundizar en el conocimiento de la Villa Coyantina y sus alrededores. 


No sé cómo será la historia real, pero me la puedo imaginar. Las hermanas Villegas heredaron un patrimonio allá, en tierras de Asturias, y decidieron invertirlo en el lugar al que sus padres las llevaban de niñas en verano a "secarse". Secarse por el verano en tierras de León es una costumbre muy extendida entre los asturianos. Es una idea estupenda de la que supongo es muy difícil prescindir una vez conocida. Y así fue que las hermanas Villegas compraron un palacete modernista en el centro de la Villa Coyantina e iniciaron el negocio hostelero que hoy día constituye un pequeño emporio de indiscutible calidad. Al lado del palacete han construido un moderno hotel de varios pisos en donde se alojan los huéspedes digamos que comunes y las seis habitaciones del palacete las tienen reservadas para los compromisos. Nosotros, no sé por qué, constituimos uno de esos compromisos de lo cual nos sentimos muy honrados. 


Las hermanas Villegas son lo más opuesto al remilgo que uno se pueda imaginar. Es más que probable que estén forradas, pero viéndolas nadie lo diría. Atienden a la clientela, limpian habitaciones, cocinan... se las ve disfrutar con lo que hacen. Una de ellas, Felisa, es pintora notable de lo que dan fe los numerosos cuadros que decoran las diversas estancias del hotel. No soy entendido en el tema, pero aseguraría que las flores las borda. 

La clientela la constituyen mayormente señoras  asturianas que vienen para quedarse hasta que empiezan los fríos del otoño. Supongo que hemos sido una novedad para ellas y por eso se han mostrado sumamente solícitas: nos han puesto al día en todo lo que hace a los diversos servicios de comedor, cafetería y demás. Anoche cenamos en el hotel y allí estaban todas arregladas como de fiesta... bueno, la verdad es que parecía un poco el comedor de una residencia de la tercera edad, pero de lujo. Y la cena, igual. Gazpacho, crema de acelgas, merluza rebozada. Cosas así en dosis apropiadas a la edad y condición. Por así decirlo, sorprendente en esta España nuestra tan dada a las flatulencias nocturnas. 


Hoy, hemos dedicado la mañana a recorrer la vega del Esla. Como el Páramo que recorrimos ayer, también esta vega es un vergel. Los cultivos son más variados que en el Páramo: pimientos, cebollas, grelos, alubias... parece que hay allí para alimentar a toda la nación y alguna más que se sumase al convite. Por lo visto esta vega se riega con el que fuera tan controvertido pantano de Riaño. No sé, pero a la vista de lo que hay dan qué pensar esas ideas conservacionistas que quieren que todo se quede como el primer día de la creación... claro, menos cuando los conservacionistas van a comprar al super, que les encanta encontrar de todo y tan barato. 


Hemos regresado a la hora de comer. Hemos preguntado y la contundencia de las respuestas no ha dejado lugar a dudas: El Pesebre. Quédense con este nombre por si algún día les pilla la hora de comer en Valencia de Don Juan. Francamente sobresaliente. Por 12 € el menú. 


Ahora que lo que realmente me tiene sorprendido son las instalaciones culturales y deportivas de Valencia de Don Juan. Sin ánimo de exagerar les diría que bien se podrían organizar unos Juegos Olímpicos aquí sin que para ello fuesen necesarias muchas nuevas infraestructuras. Y todo lo que hay, claro, cómo no, con la música a tope y muchas cagadas de perro por todas partes. Pequeños detalles que a nadie parece importarle. En fin, bueno, lo que ayer vimos en Laguna de Negrillo tampoco era manco y estaba allí como en plan desguace. Había en un paseo que bordea un canal de riego como cincuenta, no exagero, cincuenta, aparatos de esos que ponen en los parques para que los viejos hagan ejercicio. Y todos, o casi todos, estaban destrozados. Lo mismo que la rampa de acceso al castillo, una obra notable, que estaba llena de pintadas asquerosas. Se lo dije a unos señores que estaban sentados en una terraza al borde de la carretera: no sé quién habrá pintado eso, pero aunque fuese el hijo de uno de ustedes se lo debían de hacer borrar con la lengua. Me miraron extrañados. ¡Jo, qué rabia me dan estas cosas! 

viernes, 13 de julio de 2012

Perros de paja




De León a Astorga, una verdadera tortura. No teníamos más posibilidad que la de ir por el arcén de la general que era ancho, pero con la música dodecafónica del tráfico a todo volumen. Y, luego, que a menos de medio kilómetro de la carretera va una autopista de peaje por la que no circula nadie. Desde luego, qué país. No quiero ni contarles las protestas que tuve aguantar de María, lo cual, no por ser absolutamente justificadas, porque a qué demonios teníamos que ir nosotros a Astorga, dejó de fastidiarme y no por nada sino porque no puedo soportar que alguien me gane a protestón.


Astorga, verdaderamente, sorprende. Será por las mantecadas, la cecina, las alubias o lo que sea, pero se nota que está bollante. El hotel que pillamos era de esos que llaman spa y era cursi de c... Debía de ser catalanes o algo por el estilo porque en la cafetería había mucho modernismo y una placa dedicada a un tal Salischas, o algo así, que, por lo visto, era un señor que tenía una cafetería en el Paseo de Gracia. Bueno, no quiero extenderme, sólo les diré que al irnos esta mañana nos preguntaron que qué tal. Les dije que muy bien, aunque quizá para la ducha se necesitase un cursillo previo. Sí, me dijo la recepcionista, hemos puesto una hoja con las instrucciones. Y entonces, como ya estaba lanzado, voy y les digo: Miren, como veo que a ustedes les va mucho lo catalán les diré lo que dijo el catalán más insigne de todos los tiempos: La simplicitat mai a corromput el guste. La recepcionista se quedó como a uvas, pero, entonces, una que andaba fregando por los suelos, se lo tradujo. Por lo visto la mucama había estado sirviendo en Barcelona. 


La verdad es que lo suyo hubiese sido quedarse en la Fonda la Peseta, pero los de Turismo ni nos la mencionaron. Luego, cuando paseando por la villa, la vi, me dio mucha rabia. Quizá ya vayan para cuarenta años los que hace que me alojé en La Peseta y lo recuerdo como un lugar muy agradable. Claro, por aquel entonces era el único hospedaje de todo Astorga y hoy está de hoteles spa que no cabe uno más. En fin, es lo que tiene llegar a los lugares muy cansado, que te agarras a lo primero que te ponen delante. 


Por lo demás, pasear por Astorga es de lo más agradable. Todo limpio y espacioso y con una construcción que para sí la quisieran capitales que presumen de tal. Y luego, cenar un menú de diez euros en una terraza de la plaza. Magnifico todo. Bueno, la verdad es que por no tener credenciales de peregrino tuvimos que cambiar de terraza, pero sólo unos metros más allá. Por cierto que no era la primera vez que nos traían a colación lo de las credenciales, y a fe que nos hubiésemos ahorrado algunos euros de haberlas tenido, pero, también, ir por ahí de excursión y andar de papeleo, pues, qué quieren que les diga. 


Hoy hemos tirado por la Ruta de la Plata hacia el sur. Como al lado está la autovía la Ruta no tiene tráfico. Es una pasada, por decir algo. No hemos tardado en llegar a la Bañeza. Hemos tomado un pincho y un café en la Plaza Mayor. En la Bañeza se ven menos ínfulas que en Astorga. Quizá sea por no ser obispado. En cualquier caso a la entrada hay un hotel como de diez o doce pisos que, verdaderamente, choca un poco. En Benavente creo que hay uno de ese tamaño, pero según dicen está dedicado en exclusiva a la cosa del fornicio. No sé. Ahora que la Plaza Mayor tiene mucho encanto. Con la iglesia y el ayuntamiento a un lado, el resto, en su mayoría, son casas de comienzos del veinte de un modernismo austero. Ya digo, tiene encanto. 


Cuando sales de la Bañeza por la Ruta de la Plata pasas dos o tres colinas suaves, giras a la izquierda y te metes en el Páramo. El Páramo es un emporio. Son kilómetros y kilómetros de campos de maíz que da gusto verlos. De vez en cuando se alternan con la remolacha, el girasol, la alubia e, incluso, alguna pequeña mancha de cereal en sazón. Y nunca se acaba. Todo recto, todo llano. La hora de comer nos ha pillado a la altura de Laguna de Negrillos. Hemos preguntado a la única persona que se veía en kilómetros si había algún sitio para comer en el pueblo. Sí, no, a veces dan es ese... Hemos ido allí, pero como no parecía haber nadie nos hemos decantado por otro que se veía al fondo de la calle. Al llegar he tenido sensación de "perros de paja". Tal era el tipo de gente que había en el bar. Hemos vuelto al primero y ha sido uno de los mejores aciertos de nuestra vida. Aunque nada lo anuncia en la puerta, hemos podido saber por el sobrecillo del azucar que se trata de "Casa Baudilia".  Y había menú. Bueno, la ensalada mixta para empezar era normal, pero las carrilleras con patatas fritas que han seguido ha sido el plato más exquisito que recuerdo haber comido en muchos años a la redonda. Y les juro que no exagero.  En fin, el Páramo. Te paras en mitad de la carretera y eres como Gary Grant en "Con la muerte en los talones", que oye como se va acercando un coche que nunca acaba de llegar. Con la reverberación del suelo, las distancias son indefinidas y, luego, el sonido, a merced de los caprichos del viento. Ya digo, Oklahoma. 


Por fin hemos llegado a Valencia de Don Juan. Más castillos.  Como no podía ser menos, están en fiestas. La "semana medieval" o algo así. Nos han dado habitación en el único hotel del pueblo por misericordia, porque todo está lleno. Es un lugar muy agradable. De unos asturianos afincados por aquí que tienen también una sidrería. Bueno, iremos allí a echar unos culines a la caída del sol. 

miércoles, 11 de julio de 2012

Casa de espiritualidad




Estés donde estés desayunando por estas fechas es inevitable que te los tengas que tragar. Me refiero a los encierros de Pamplona con su corolario de parte médico. Sin duda se reúne allí lo más granado de la imbecilidad mundial a celebrar a su santo patrono que en contra de lo que muchos  creen no es San Fermín sino San Hemingway. Por cierto que el otro día me enteré de que se está formando una asociación de lugares que tienen en común y como máximo orgullo el hecho de que allí nunca estuvo Hemingway. Bueno, en fin, el caso es que los tíos van allí a ver si les sacan en el telediario en situación comprometida y así, luego, las chicas del pueblo, o del barrio, pues ni te digo, que si ellos son imbéciles, ellas no van a la zaga y corren a ser fecundadas por esos machos insignes.

Bueno, la verdad que a correr los encierros va gente muy diversa. Al pobre privado de mi madre le chiflan. Y eso que le faltan los dos brazos. Una temporada abandonó su puesto a la puerta de la iglesia y era porque se estaba reponiendo de unas cornadas. Y luego, en el bar España de Carrión contaban los habituales de las primeras horas que en el encierro del año pasado una vaquilla desnudó a una chica. Hasta las bragas le quitó, dijo uno levantando mucho el tono para que todo el mundo se enterase. Lástima que sólo había extranjeros, así que sólo me enteré yo que, además no me lo creí porque, después de haber tratado tanto a los proscritos de Alar, sé lo poco que le cuesta a esa gente transformar las fantasías en realidad. 

Total, que nos fuimos de Sahagún sin haber echado la vista encima a un puto nazareno. Al final nos pasamos casi todo el rato en el hotel porque en la Plaza Mayor  que tiene unas terrazas muy chulas no se podía parar por causa de estar haciendo su trabajo una máquina desatascadora de alcantarillado. Mala suerte, en fin, aunque el pueblo, en general, qué le vamos a hacer, nos causó una impresión bastante deplorable. 

De Sahagún a León ni te enteras. Son los setenta kilómetros más llanos que se pueda uno imaginar. Además hemos tenido el viento bastante a nuestro favor. Hemos parado en un pueblo, Cerdigos, o Lerdigos, o algo por el estilo, a tomar un refrigerio. En un bar curiosísimo. Tenía todas las paredes llenas de lemas de todo tipo aunque con predominio de los de carácter antisistema. “No es lo mismo montar un follón que follar un montón” y cosas por el estilo. El dueño, por los cincuenta y tantos, con gorra y sin dientes, por lo visto, es considerado el Elvis Presley de Lerdigos, Cerdigos, o como sea que se llame el pueblo. Lo ponía en un recorte de periódico que tenía pegado a la entrada del bar. El caso es que me ha puesto un café y un pincho de tortilla, todo bastante bueno, y sólo me ha cobrado 2,50 €. Viniendo de Sahagún que nos habían clavado tres € por una botella de agua, comprenderán que le hayamos agradecido el detalle.

Llegar a León, como a cualquier ciudad, en bicicleta es una verdadera lata. Los últimos kilómetros se hacen eternos. Más que nada por el ruido. Y sobre todo por el contraste del resto del camino. Hemos recorrido kilómetros y kilómetros, 20 acaso, sin encontrar un solo coche. Es incomprensible cómo se pueden mantener esas carreteras en un estado tan impecable. Sin duda también esto debe formar parte del despilfarro general.

En León los de información y turismo nos han mandado a una Casa de Espiritualidad. Un convento en el mismo centro adaptado como hotel. Genial. 

Y ahora, descansados, duchados, con el sol ya bajo, nos iremos a dar una vuelta por la zona húmeda a ver si tenemos suerte y nos topamos con José Luis. 

martes, 10 de julio de 2012

Bon enfant




Por el Camino de Santiago hay ambiente bon enfant. Todo el mundo te desea buen viaje a primeras horas de la mañana. Luego, a medida que el sol sube, ni te ven. Es que, leches, menuda carga que llevan a las espaldas. Prácticamente no hay españoles y por eso debe ser que cuando hablas con la gente del lugar suelen decirte que qué bien hablas español. Bueno, la verdad es que esta mañana vi  entre los peregrinos a un grupo de españoles desafectos y uno de ellos gritaba indignado que llamabas a Madrit y nadie se ponía, y no sé qué de pagar en las autopistas, y de que ya estaba bien, etc. Bueno, una vez más en la vida me hubiese gustado ser Chuck Norris para dar a esa gente enferma la única medicina que en última instancia les podrá curar.  


De todas formas, bellezas del paisaje aparte, que eso huelga recordarlo, lo mejor que he visto es la habitación del hotel Puerta de Sahagún. Nos habíamos instalado en un hostal por aquello de estar en un lugar céntrico, pero al rato de estar en la habitación hemos salido escopetados porque nos estaba dando la impresión de haber bajado demasiados peldaños en la escala del desarrollo antropológico. Quizá para monos... 


Pues sí, lo mejor que tiene el turismo, si no es que es lo único, son los hoteles de cuatro estrellas para arriba. Lo demás se me antoja deprimente. Todos esos tíos que intentan cazarte en la carretera cuando te vas acercando a los pueblos. Cada hotel tiene su furtivo que no sé a cuanto cobrará la pieza.Luego, que entras en una oficina a pedir información y se empeñan en que vayas a ver muñequitos por las iglesias. Todos esos nazarenos, que hay para dar y tomar, tipos con pinta de estar pasándolo muy mal y no sólo por arrastrar una cruz y unas cadenas, no, es porque la gente no les hace puto caso. Pues claro, hijo, qué pensabas, si en vez de ayunar en el desierto te hubieses dedicado a estudiar otro gallo te cantara. Y si no, mira a Euler, Tartaglia, Newton y demás, que buena cara hacen en las fotos, que a esos todo el mundo les venera aun sin saber quienes son. En fin, para qué dar más vueltas al asunto si ya sabemos lo que esto da de sí. Si queremos vivir del turismo seguiremos haciendo el nazareno, o sea, venga a sufrir porque los peregrinos no sueltan más prenda que la estrictamente imprescindible. Cinco euros la noche con derecho a coro de ronquidos. Son unos miserables me decía la posadera de Carrión de los Condes que, la pobre, no ve  cumplidas sus expectativas ni de lejos. 


Total que, como decía el gran Pessoa, ya he visto todo lo que no he visto. Pero, de vez en cuando, ni los más reticentes nos libramos de ir por ahí a hacer no sé qué, porque hay que disimular la especie de lepra que nos corroe.