domingo, 8 de julio de 2012

A lo mejó...




La mejor metáfora de éste, nuestro país, España, quizá sea la que escuché una vez en Salamanca. Fue en el teatro de Anayita donde un grupo andaluz llamado "Vinagre de Jerez" representaba la obra de título "A lo mejó".  La cosa de puro sencilla parecía hasta tonta, pero luego, considerada detenidamente, daba razón de no poca enjundia y no menos dificultad. 


Las casi dos horas de la representación se desarrollaban en un sólo escenario, un bar destartalado y sucio, al alba, por donde evolucionaban media docena de trasnochadores más o menos borrachos. El texto, en un noventa, o más, por ciento se limitaba a recitar la frase "a lo mejó" con las más diversas entonaciones y posturas. Eso era todo y desde luego que no era poco. 


A lo mejó el Santo Advenimiento, o sea, su venida misericordiosa y adiós deuda soberana.


Y mientras llega o no llega, a lo mejó, el Paráclito iluminador, qué cosa mejor podemos hacer que degustar unas delicatessens en  cualquiera de las casetas levantadas al efecto por nuestras autoridades, ahora, que el tiempo acompaña. 


Porque, a lo mejó, todo es cuestión de casetas. Que, a lo mejó, no está suficientemente explotado ese nicho. Casetas de verano, pero, por qué no también de invierno. Casetas rústicas, pero por qué no racionalistas, tipo Bahaus, un suponer. Medievales, renacentistas, ¡ah!, y luego unas que pudieran ser una especie de retretes colectivos romanos, para descomer y hacer sitio a la vez que se sigue con la estrecha convivencia. 




En fin, a lo mejó...



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