miércoles, 29 de febrero de 2012

Me acuso, padre.


Me acuso, padre, de que anoche volví a pecar. Tras un largo paseo por el campo en la mejor compañía y una frugal colación me despanzurré sobre la butaca en estado semicatatónico y, cual autómata programado, apreté el botón del mando a distancia. Nunca lo hubiese hecho porque, por alguna jugarreta del destino, apareció en pantalla el debate de Telemadrid. Y no tuve fuerzas, o voluntad, para cambiarlo. Total, para qué, si sólo buscaba un soniquete para mecer mis ensoñaciones. 


Pero la droga es la droga y, si te metes un poco, el cerebro se subleva y pide más a gritos. Y eso es lo que pasó, que, al cabo de un rato, estaba metiéndome todo aquello como si fuese mercancía recién llegada de Colombia. Bueno, reconozco que algo ha debido mejorar el percal. La cosa, ahora, me parece más terciada. La presentadora Sanboal es discreta y ni por asomo se le nota aquella babosidad de la que tanta producía el presentador Buruaga. Luego, estaban allí el filósofo Marina y un exministro de la época de Suárez que, a pesar de las dificultades del entorno, metieron unas cuantas cuñas de alto valor pedagógico. También había un diputado socialista de una grisura rayana en la nada. Un periodista alambicado y estéril que daba grima no sólo escucharle sino también verle. Una señora mona que decía sensateces que de puro serlo ya hace tiempo que se han convertido en tópicos. Y por fin, y aquí es a donde quería llegar para despacharme a gusto, una tal Curri, personaje habitual de éstas que fuesen lides y no puro bavardeo si no fuera por la inexplicable presencia de invitados como ella. 


Inexplicable, sí, que esa tipa haya llegado a tener tal preeminencia. Porque es tal acopio de necedad del que hace gala que la sola suposición de que no hay un designio oculto para justificar su presencia me lleva a considerar que es inútil continuar con el juego porque todos los caminos están cerrados a cal y canto. Sí, algo tiene que haber. Como que sea la amante secreta de Esperanza Aguirre o algo por el estilo. Porque si no, ya digo, completamente inexplicable. 


Es la tal Curri una obsesiva compulsiva. Por todas las partes ve socialistas haciendo de las suyas. Da igual de lo que se esté tratando, ella siempre da con el circunloquio que le permite depositar sus excrementos sobre los socialistas. Me recuerda a cuando vivía en Barcelona y hasta los vecinos en el ascensor me asediaban con lo de las balanzas fiscales. Ellos, en su incuria mental, estaban convencidos de que así favorecían su causa. Gente con una causa. No dos ni tres, sólo una. ¡Patético! Y están ahí. Y no parece haber forma de retirarles del centro de la escena. 


Sí, es ciertamente desesperante que a estas alturas todavía se hagan películas con esos argumentos y esas protagonistas. Y más desesperante aún que los productores las sigan financiando porque tienen constatado que son de lo más rentable. Demasiada gente que quiere ver eso. La verdad, no sé si creérmelo. Porque tanta necedad... 

2 comentarios:

  1. Desde luego que esto de la tele tiene su cosa, por decir otro tópico. Algún día, estando por allí, he visto el programa de Belén Esteban. Te diré que en chusmerío no le van a la zaga algunos de los programas de la televisión japonesa, pero lo que más intriga es eso que dices tú: el que pueda convertirse en droga. Había un amigo de Vargas Llosa en sus épocas mozas que cuando veía algo que le desagradaba estéticamente eso le producía vómitos, pero físicos, de verdad. Un poco pasa con estos programas.

    Confieso que a veces escucho la radio española cuando estoy solo, sobre todo RNE, la de Federico y la Ser. El resto lo he intentado, pero son de un aburrido alucinante. Con mucho la mejor es la de Federico: el resto son igualmente propaganda de uno u otro partido o tendencia, pero por lo menos a este hombre se le ve que ha leído algún libro que otro. El resto no tienen tiempo entre el preparar los programas y leer las noticias en internet. En fin, que también escucho las tertulias generalistas y todas me parecen muy ponderadas hasta que hablan de lingüística e invariablemente dicen barbaridades. Entonces pienso que si de lo único que entiendo yo en la vida alucinan de tal manera, si entendiera yo de economía, política o medicina cogería también burradas como elefantes. En fin, que seguramente estos programas de la radio y de la tele vivan de nuestras ignorancias. Si supiéramos más, ni veríamos ni escucharíamos estas tertulias, o si lo hiciéramos sería para descojonarnos con ellas.

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  2. Bueno, ya digo que en lo de anoche había dos señores con una clara vocación pedagógica en el mejor sentido, o sea, el de enseñar a pensar. Lo que sorprende es como se mantiene en el machito toda esa chusma superideologizada que son como el calamar cuando se defiende echando tinta para emborronarlo todo. ¿Por qué no les quitan del medio? Para mí eso es un misterio.

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