lunes, 6 de febrero de 2012

Lenguaje/ pensamiento



"Lenguaje, pensamiento,/ tan raudo como el viento,/civilizada disposición aprendió/ y a esquivar, también, los dardos/ de las lluvias inclementes." 


Creo recordar que algo así cantan los coros en Las Fenicias de Eurípides. Pero no me hagan mucho caso porque, además, da igual. Lo podría haber dicho Nosequién Nosecuándo y también sería una espléndida constatación. Porque lenguaje/pensamiento, una sola y misma cosa. Malo uno, malo el otro. Bueno uno, bueno el otro. 


No sé si se lo he contado. El otro día vi un reportaje sobre la educación en Finlandia. Supongo que ya saben que son precisamente los alumnos de ese país los que obtienen mejores calificaciones cuando los organismos internacionales se ponen a evaluar. Pues bien, una maestra a la que preguntaron dijo: nosotros sólo enseñamos matemáticas y comprensión del lenguaje. Lo demás, que es muy poquito, ya lo irán aprendiendo, si quieren, a lo largo de la vida. 


En fin, con lo fácil que sería imitar a los mejores. A lo mejor, digo yo, de esa manera conseguiríamos rebajar en nuestra patria la afición por los clichés, las adscripciones, las lealtades... por, también, el repugnante "yo soy de los que siempre digo", y, en resumidas cuentas, todos los síntomas de esa enfermedad que se manifiesta entre nosotros en forma de pestilencia y que no es otra que la que Ortega  catalogó como hemiplejia moral o, más llanamente, simple y pura imbecilidad. 


Porque la verdad es que, como dijo Unavez Nosequién, está esto de imbéciles que no cabe uno más. Por eso da igual quién gobierne. Sabemos que no harán otra cosa que marear la perdiz. Decir Diego en donde los anteriores dijeron digo y viceversa. No les da para más la lógica porque ni matemáticas ni lenguaje. Y Eurípides, ya me dirás tú a qué les suena. 



2 comentarios:

  1. Bueno, es verdad lo que dices de los fineses, pero hay otras dos asignaturas que también cuidan con esmero: la educación física y la música. Te he contado alguna vez que cuando llegué a Japón ya hace media vida vivía en una residencia universitaria por la que pasaba la élite del judo. Los equipos del resto de los países europeos estaba compuestos por muchachos muy simpáticos que por regla general tenían una formación muy somera. Había grandes excepciones, sobre todo entre los neerlandeses, los eslavos y algún americano. En fin, que los miembros del equipo de judo masculino de Finlandia se turnaban al piano por las noches y lo tocaban que daba gusto. El inglés que hablaban era por supuesto excelente (alguno también japonés, ninguno que recuerde español). La totalidad eran licenciados universitarios y algunos ya estaban haciendo el máster. Una delicia de muchachos.

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  2. Pues no veas si llega a pasar por tu residencia la élite del levantamiento de vidrio en barra fija. Entonces hubieses visto lo que es gente formada. Acuérdate que hace poco, con ocasión de lo de Fukosima, se descubrió que, aquí en España, había tres millones de ingenieros nucleares entre los levantadores de vidrio.

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