jueves, 15 de marzo de 2012

Enternecedor


Andaba hoy a media mañana por Puerto Chico a la espera de que llegase la hora para mi cita con el dentista. Allí me he topado con Pedro y un su colega que de regreso de unas inspecciones contemplaban la escena no sé si sorollesca o, mejor, turneresca, porque había bastante niebla: unos niños de diez a doce años se subían a unas barcas para ir a practicar el arte de la vela. O a iniciarse en la práctica para ser más exactos. 


Bien, a mí todo esto de la educación de los niños siempre me ha apasionado. No creo que pueda haber muchas cosas más interesantes en la vida. De hecho soy de los ingenuos que piensan que todos los problemas que padece el mundo son debidos a la mala calidad de la enseñanza. Unos niños de diez o doce años una mañana de día laborable del mes de marzo yendo a aprender la vela... ¡hmmm! ¿Qu´est-ce qui se passe? Y que conste que admiro ese arte, ¿pero no están las vacaciones del verano para aprender ese tipo de cosas?


Le he dicho a Pedro, ¡jo, qué chollo!, nosotros a esta hora nos habíamos tragado dos misas, un rosario y estábamos en clase de mates. O latín. Su colega, que era mucho más joven, me ha mirado con cara de no entender. Porque es que ¡madre mía cómo han cambiado las cosas de este mundo! A navegar a vela a media mañana, o sea, en horas lectivas. Nosotros, que teníamos que conseguir cincuenta puntos entre toda la clase para salir una tarde de paseo a Nueva Montaña a jugar al fútbol. Ganar el concurso de coros que se hacía por Santa Cecilia suponía ganar cinco puntos, por poner un ejemplo. Así es que creo que mi clase sólo consiguió una tarde de asueto en todo el bachillerato.


Y desde hace unas cuantas horas el mundo está estremecido porque unos niños belgas se han despeñado por un barranco en Suiza. O algo parecido que ha dado buena cosecha a la parca. ¡Pobrecitos, si ellos sólo querían esquiar! "Papá, mamá, esto es hermoso, pero os extraño", decía el mensaje mandado por un niño que ya no los volverá a mandar. Enternecedor. ¿Pero no habíamos quedado en que hay una crisis del carajo? Millones de personas pasándolo de puta pena y los niñitos belgas extrañando a sus papás desde los resorts suizos. Y luego, ¿qué tiene de raro que se estrelle uno entre los cientos de miles de autobuses que llevan a los niños de toda Europa a esquiar a Suiza? En fin. 


Ya digo, a veces me gusta simular demagogia. Y por eso afirmo que nada les hubiese pasado a esos niños si hubiesen estado en donde el sentido común y el buen gusto dicen que debieran haber estado, es decir, sentaditos en su pupitre que es donde se labran futuros medianamente interesantes. Pero claro, comprendo que las cosas no son sencillas. Para que funcione el sistema, tan importante como enseñar las matemáticas y la lengua es que se vaya aficionando al niño a los diversos pasatiempos para que cuando se gradúe lo tengamos ya convertido en un verdadero yonki del consumo. 


 ¡Jo, mira que estoy anticuado! Pero no pienso echar ni una lagrimita por esos que fueron niños belgas. 

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