jueves, 27 de septiembre de 2012

Vivir en el escaparate



Lola Flores arrastró a toda su familia a vivir en el escaparate con resultados no del todo, ni mucho menos, afortunados. Su hijo, el creativo, no lo soportó y optó por pagar el óbolo a Caronte. A Fernando Sánchez Dragó no parece, en principio, que le afecte mucho la permanente exposición, es más, se diría que la busca con empecinamiento como lo demuestra el hecho de que ha haya puesto a parir, en sentido literal, a su señora frente a las cámaras. Luego, claro, uno ve que al susodicho le han tenido que poner más puentes en las coronarias que los que tiene el Támesis a su paso por Londres. Por algo será, te dices, acaso no lo lleva tan bien como trata de aparentar y el desasosiego y demás tensiones del espíritu le minan por dentro. En cualquier caso hay que reconocer que mantiene el tipo con bastante gallardía. 

Sí, desde luego, debe ser duro ese oficio y, dados los resultados conocidos, poco  susceptible de ser envidiado. Dar de qué hablar a la gente por el burdo procedimiento de exhibir las contracciones de tus intestinos tarde o temprano tiene que afectar a la calidad de la autoestima. Con todo lo que eso supone. Aunque no siempre es así. Ahí tenemos el no por muy comentado menos sorprendente caso de "Il Cavaliere".

Perdonen que se le traiga otra vez a colación, pero es que no puedo sustraerme a la fascinación que me produce. Este tío, juraría, no es del todo natural. Quizá Dios se transmutó en toro o en cisne para seducir a una linda lavandera y, de resultas, ahí tenemos a Il Cavaliere. Cada día que pasa, y ya fueron muchos, se le ve más pimpante. Ahora pasea su renovado físico por las playas de Kenia en compañía de su fisioterapeuta y médico de confianza. Y para que todos se enteren se otorga a sí mismo la portada de la revista de su propiedad, Chi, una de las de mayor tirada, si no la que más. ¡Dios, qué puta envidia me corroe! Todo el día pasando a la gente por los morros esa condición semidivina. Y nosotros, simples mortales, todo el día aquí, que si la crisis tal, que si los catalanes cual, viendo como se nos va la vida sin fisioterapeuta de confianza ni nada por lo que merecería la pena desvivirse. En fin, sólo me queda el consuelo de los miserables, desear que, como a todos los semidivinos, alguien acabe por encontrarle su punto vulnerable. Porque es imposible sumergirles en la sangre del dragón sin tenerles cogidos por algún sitio. Acuérdense de Aquiles. 

4 comentarios:

  1. El asunto de Sánchez Dragó, como tú sabes, en realidad es solo la historia de un quiero y no puedo. En el fondo lo que le gustaría es ser reconocido por su obra literaria, vivir de ella y nada más. La cosa es que por ser culo de mal asiento o por lo que sea, nunca ha tenido la ocasión o la voluntad de ir más allá del barniz cultureta por el que le conocemos. Recuerdo una vez que intenté leer un libro que había escrito sobre Japón: era un mero ensartar tópicos que conoce cualquier persona que haya vivido varios meses por aquí.

    En cualquier caso, hay que reconocer que su trabajo en la televisión lo hace muy bien: sus entrevistas a famosos y famosillos del mundo de las letras son de lo más amenas, y eso no tiene otro secreto que el de no meterse en honduras, sino en ir a aquello que no requiere demasiado esfuerzo de comprensión.

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  2. Hay que reconocer que se le da bien reunir al marqués de Tamarón y gente así alrededor de una mesa dar un programa ameno. Porque no se mete en honduras,como dices. A veces llevaba a Gonzalito, supongo que para proveerle de un poco de calderilla. En cualquier caso todos los noveles y menos noveles quieren ir a su programa porque debe ser una buena promoción.

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  3. Sí, Gonzalito y Dragó, como sabes, fueron buenos amigos en la juventud. Vi alguno de esos programas, que supongo que andarán colgados por el internet. Si es así, merecerá la pena verlos. Gonzalo estaba soberbio, tanto que incluso sentías que sobraba Dragó, porque con ambos ante las cámaras se saturaba demasiado el ambiente de lo que representaban uno y otro, una generación de verdad perdida. Con los dos de protagonistas Plutarco escribiría sus mejores vidas paralelas.

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  4. Sí, dos buenos representantes de eso que se dice juventud egolatría. Seguramente es por aquello de que "murieron con las drogas puestas". Bueno, deseo a Dragó largos años de seguir llevando a sus viajes la maleta llena de pastillas.

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