sábado, 9 de junio de 2012

El dulce lamentar


El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando.


No eran pastores, pero casi, los que dulcemente se lamentaban el otro día ante el respetable: Sánchez Dragó y Savater. 

El asunto en cuestión es que al parecer se les está acabando el momio a los escritores profesionales. Ellos van y escriben un libro. Después, todo el aparato de las editoriales y los diversos medios de comunicación oficiales se ponen a su disposición para lanzarlo al mercado. Sí, el mercado, la cosa de la pasta, que suena feo cuando se está hablando de lo que se ha dado en denominar un "bien cultural".  Un "bien cultural" que es una cosa que como que mea colonia. Algo, en definitiva, para espíritus selectos que sobrevuelan el vacío existencial de la canalla. 

Sí, ellos escriben maravillosos libros, se someten a los humillantes rigores de la promoción y demás sevicias y ¿qué consiguen? Se lo diré: apenas un puñado de lectores que no dan ni para los gastos de explotación. Pero bueno, qué es lo que está pasando aquí, se preguntarán algunos. Acaso es que la sociedad se encuentra en un proceso de embrutecimiento galopante. Pas du tout, lo que realmente está pasando es mucho más divertido. El personal ha decidido que ya está bien de pasarse la vida admirando lo que hacen otros y se ha puesto ha crear por su cuenta y riesgo. Y así hemos llegado a situaciones francamente esperanzadoras para la humanidad, como es el caso de EEUU en donde al parecer el número de escritores está a punto de sobrepasar al de lectores. Sí, yo te leo a condición de que tú me leas a mí. Intercambiamos ideas con el soporte aquilatador de la escritura. Así que ya saben, de ahora en adelante nada de babardeo que eso se lo lleva el viento. 

Bueno, ya veremos...




2 comentarios:

  1. Una vez intenté leer un libro de Sánchez Dragó que trataba sobre Japón: además de estar lleno de tópicos que no iban a ninguna parte, era muy aburrido. Lo dejé a las pocas páginas. Savater es otra cosa. He leído varios y son amenos e interesantes. El problema es que lo excelente es siempre amigo de lo bueno, y que hay tantas cosas extraordinarias por leer. Por ejemplo; en lugar de la Política para Amador, siempre será más recomendable leer El Federalista, o a Aristóteles, o a Ciceron, o a cien nombres que cualquiera podemos recordar.

    Con respecto a lo de admirar, qué decir que no hayamos dicho. Hace dos días saqué de la biblioteca una antología de poesía contemporánea española (1980 - 2000). La dejé a la media hora. No comprendo cómo nadie puede leer estas cosas en lugar de escribirlas uno mismo. Estoy convencido de que cualquiera de los que lean estas páginas, si se pone un rato, escribirá una obra digna de estar n esa antología.

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  2. De Savater sólo he leído artículos y, por lo general, me han ayudado mucho a comprender la realidad, ya fuese por coincidencia o desmentimiento. Sánchez Dragó, ni se me pasa por la cabeza cualquier cosa que no sea verle representar por la tele. Reconozco que en eso es bastante bueno siempre y cuando sólo tengas en cuenta la forma de decir y no el contenido.

    Lo de la poesía contemporánea sólo para entendidísimos.

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