martes, 28 de junio de 2011

Reconversión industrial

Aprovechando la moderada caída de las temperaturas he agarrado la bicicleta y me he llegado a Monzón de Campos pasando por Husillos. Un paseo mañanero la mar de agradable, para qué lo vamos a negar.

Monzón es, en mis recuerdos, el pueblo de la azucarera. Pasaba por allí cada vez que iba a Valladolid o Madrid a estudiar o lo que fuese. Desde el tren se podía contemplar el trajín de la fábrica.  Había veces que se podían ver a la entrada filas interminables de tractores con sus remolques cargados de remolacha esperando el turno de descarga. A veces, por lo visto, esperaban días. Sería, lo de las colas, en octubre, o quizá primavera, porque la remolacha acepta diversas épocas de siembra y, por tanto, de recolección.


    El caso es que la azucarera no es hoy día más que un amasijo de arqueología industrial. Y las viviendas de los obreros, un pueblo fantasma. Una pena, porque todo indica que aquello tuvo que ser armónico, pero el progreso es entre otras cosas eso, la sustitución de lo que es todavía útil por otra cosa que es más útil todavía. Y a las pruebas hay que remitirse: no sólo hay más azucar en las estanterías de los supermercados sino que, encima, es más barata. Y probablemente mejor.

 Pues bien, si la azucarera murió, no tuvo el mismo destino la excrecencia que, como por ley natural, le crece a un lado a toda azucarera digna de tal nombre. Me refiero al burdel. De todos es sabido que los burdeles más grandes de España están en pueblos con azucareras a pleno rendimiento. En Monzón de Huesca y en Benavente de Zamora, sin ir más lejos. Supongo que la causa del asunto consiste en un problema de descargas: una pide otra. Se descarga el remolque de remolacha y con lo cobrado se va a descargar los bajos fuertemente recalentados por las largas esperas con el motor al relentí. O algo así. 

El caso es que en Monzón de Campos no sólo no ha decaído el burdel sino que ha crecido y mejorado el servicio con la instalación de aire acondicionado en todas las habitaciones. Y no sólo eso, por lo visto, la demanda de servicios es tanta que se han visto abocados a abrir un nuevo local, el King II, en el que todo parece indicar que se apunta a la excelencia.




Y luego, por si fuese poco con lo de las hetairas, también está lo de la economía sostenible. Sobre todos los alcores que dominan la llanura monzónica  se han instalado molinos de viento que giran alegres sus aspas cuando Dios quiere que sople el viento. Por cierto que tiene mucha gracia el rechazo que se exhibe en ciertos ambientes hacia esos molinos. Como si fuesen cosa de mal gusto. Y luego van corriendo a La Mancha,  o a Holanda, a quedarse extasiados ante todos esos molinos quijotescos que son una antigualla que no sirve para nada. Desde luego que...

4 comentarios:

  1. Y digo yo, seguramente los molinos holandeses y quijotescos se pueden reconvertir para que produzcan electricidad, ¿no? Hay una imagen preciosa al principio de una película de Almodóvar en la que aparecen. Impresionan.

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  2. Bueno, lo decía por provocar. Pero da que pensar, porque molinos son todos, los antiguos y los modernos. Y los modernos, si bien es verdad que no atraen turismo, e incluso puede que lo alejen, son útiles y fáciles de desmontar el día que queden obsoletos.

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  3. Bueno, todo depende. Como te digo a mí me parecen preciosos por esos eriales de la Mancha moviéndose todos al unísono. Por cierto, me refería en el anterior comentario a que en "Volver" aparecen molinos de los modernos y que impresionan.

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  4. Como cronista sobre prostíbulos y putas el autor de este blog no tiene precio, la verdad es que borda el tema. Le admiro, pues soy de natural tímido y envidio su mundología.

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