martes, 18 de enero de 2011

La evidencia como método.


Anda por ahí un tipo empeñado en convencernos del valor de la evidencia.

Muy bien, la evidencia, ¿y qué demonios es eso? Pues muy sencillo, que cuando se afirma algo hay que estar preparado por si alguien te sale con un: ¿en qué te basas? Entonces, vas tú y sacas las fotos del bolsillo y dices: por esto, por esto y por esto otro. Ya, pero eso no es suficiente, esas fotos pueden estar trucadas. Pues entonces, le contestas, ven conmigo y comprueba sobre el terreno. Porque, efectivamente, sobre el terreno de todas las cunetas de la patria hay mierda para parar un tren. El problema es que si vas en coche no te enteras, pero los que gustamos del cicloturistear ¡vaya que sí que lo vemos! Aunque hagamos como que no para no desmoralizarnos.

Evidencia es recopilar pruebas. Comprobar lo que intuyes o sospechas. Búsqueda de la verdad en definitiva. Hechos y no palabras, como diría la Santa de Ávila.

Ya, muy correcto, muy ético, muy lo que quieras, pero de qué hablamos en la sobremesa o junto a la barra de un bar. Por no mencionar cuando acudimos al templo. ¿Apañados estaríamos si sólo pudiésemos referirnos a lo demostrable? Acabábamos de un plumazo, entre otras cosas, con Dios. ¡Con todo lo que da de qué hablar Dios!

Sí, de algo hay que hablar. De historias que contó el abuelo. O la abuela. De impresiones que uno tiene sobre lo que alrededor sucede. De las sensaciones que le producen las diversas confrontaciones con la realidad. Cosas todas ellas, por cierto, con las que hay que guardar una cierta distancia, un punto de relativismo si quieren, porque ni la reiteración ni la vehemencia, por mucho que se empeñen, conseguirán hacerlas más creíbles. Simplemente, y en función del arte del conversador, más simpáticas, más entretenidas.

Impresiones, sensaciones, historias. Preferencias. Nada que merezca la pena tomarse muy en serio. Porque todo ello es tornadizo. Opinión es sinónimo de situación, sentenció el filósofo.

Ya digo, ayer los horizontes lejanos de Castilla, hoy el aire emponzoñado de Camargo, mañana... Dios dirá. Eso sí, donde quiera que sea, la verdad verificable será que hay basura en las cunetas.

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