El caso es que no hay forma de parar. Ayer estuve en Laredo. Mañana parto para Madrid una hora antes de que sea la del alba. El jueves estaré de vuelta. Y ya estoy convocado para el domingo por la asociación excursionista de la escuela de idiomas. ¡Leches! ¿Cómo habré venido a dar en este trajín? Con lo que a mí me tira el sedentarismo.
Levantarme cuando me despierto. Desayunar. Acaso manosear un poco la guitarra. Escuchar, después, como si fuese la misa, al Professor David Gerison disertando sobre las, perdón, Improper Integrals o cosa por el estilo. Contestar algún mensaje. Escribir en este blog. Leer a Perec. Recibir o hacer una llamada para un paseo en bicicleta. En fin, cosas así, o sea, puro huevoneo del que te lleva por la vida sin que la vida te pese sino todo lo contrario.
Bien, ya sé que me dirán que eso que yo llamo trajín no es más que un suave ajetreo adaptado a las capacidades de un anciano terminal. Que está llamando ya a las puertas del Hades, por decirlo al modo de la Jonia. Pues sí, tienen razón, a D. G. no es ese mi caso, pero pensar en el trajinar me machaca. Me saca de mis casillas. Aunque luego, una vez puesto en marcha, reconozco que suelo disfrutar de lo lindo, que absorbo energía, que limpio obsesiones, aprendo sobre la vida y, en fin, en cierto modo me renuevo. Y avanzo. Y todo eso está muy bien, sí, pero...
Los perinquinosos peros de los que hablaba Critilo. Pero que no distraiga de lo que de verdad importa. O sea, avanzar con menos daño que escarmiento.
lunes, 28 de marzo de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
Soy mucho menos que nada
"Luego despierto y me veo, soy mucho menos que nada."Para despertar, argumentaba la gran María Zambrano, es condición indispensable venir del sueño. Así, a primera vista, parece una perogrullada, pero si se paran a pensar un poco no tardarán en caer en la cuenta de que la cosa tiene su miga. O sus perendengues, si es que así les gusta más.
Porque el caso es que nos creemos despiertos, pero, mayormente, seguimos soñando. Y de pronto, zas, un susto, y despertamos a la realidad como si de un parto se tratase. Con el mismo dolor. Porque entonces te ves y sabes que eres mucho menos que nada. Pero no te asustes, porque, así, acabas de dar el primer paso para ser un valiente. Que los valientes, ya sabes, andan solos. "Lonely are the Brave", por decirlo con la debida propiedad.
Pues bien, estábamos anoche de sobremesa y para mayor deleite de nuestros espíritus especulábamos sobre los entresijos del que se ha dado en denominar el "séptimo arte". Opinó alguien que hay dos temas que se repiten en ese arte con machacona insistencia. Y siempre con la misma aceptación por parte del respetable. Uno, la mafia. El otro, los vampiros.
Las mafias y los vampiros, dos constantes en el arte porque lo son en la vida. Y si no lo ven así, miren con detenimiento a su alrededor, o dentro de sí, quién sabe, y seguro que despiertan. Porque la pura verdad es que, si excluimos a los que son mucho menos que nada, no hay otra cosa en el mundo. Mafiosos y vampiros en permanente estado de somnolencia. Y no por nada, sino porque ese es en el único estado en el que pueden seguir avanzando entre los cadáveres que van haciendo con su dulce actividad. De otra manera, les mataría el remordimiento.
jueves, 24 de marzo de 2011
Dar pistas al enemigo
De todas las imbecilidades que uno puede cometer en esta vida, una de entre las mayores es dar pistas al enemigo. Y el caso, triste por demás, es que está muy bien visto. Yo soy como soy y lo que soy, y no tengo por qué ocultarlo. Porque, por descontado, estoy muy orgulloso de ser como soy y de donde soy y de lo que soy.
De Santander de toda la vida, sí, muy bien, no hace falte que lo jures, se te nota a la primera de cambio. Y claro, sólo de pensar en el mérito que comporta esa pertenencia, ya, se me abren las carnes. Y ya no digo nada de vascos y catalanes, que, por sólo serlo, parece como si viniesen al mundo con siete doctorados bajo el brazo. La provincia, en definitiva. Mala cosa de la que alardear.
El otro va y quiere dejar clara su ideología. Porque quiere exhibir su buen corazón en un caso, su inteligencia en el otro. Y el pobre no hace otra cosa que dejar al descubierto su hemiplejía moral. Su incapacidad para vislumbrar la complejidad de los sistemas que nos rigen.
Por no hablar ya de la pertenencia a una confesión religiosa. Esa vaguería espiritual con respuestas para todo como en los juegos de los niños. Una verdadera provocación. Como la de esos musulmanes entre nosotros que pregonan su arrogancia por medio de disfraces ridículos que les identifican como tales. Olvidan los muy estúpidos los espantosos motivos que nos han dado para que andemos muy cabreados con ellos. Es, por así decirlo, como si quisiesen prender la mecha de una vez por todas.
Y ese nuevo rico que se muere por dar noticia de su éxito y no hace otra cosa que poner tras sus pasos a todos las charlatanes que quieren vivir del cuento. El pobre desgraciado compra todas las motos rotas del mercado. Y ni siquiera da pena.
En fin, a quién en su sano juicio le puede importar de donde eres, lo que tienes, lo que piensas, lo que crees. En todo caso, si algo importase de alguien, sería por lo que sabe hacer, por lo que le ha costado saber hacer lo que hace, que eso sí que comporta mérito. Y el mérito, quizá, sí que tendría derecho al orgullo. No sé.
De Santander de toda la vida, sí, muy bien, no hace falte que lo jures, se te nota a la primera de cambio. Y claro, sólo de pensar en el mérito que comporta esa pertenencia, ya, se me abren las carnes. Y ya no digo nada de vascos y catalanes, que, por sólo serlo, parece como si viniesen al mundo con siete doctorados bajo el brazo. La provincia, en definitiva. Mala cosa de la que alardear.
El otro va y quiere dejar clara su ideología. Porque quiere exhibir su buen corazón en un caso, su inteligencia en el otro. Y el pobre no hace otra cosa que dejar al descubierto su hemiplejía moral. Su incapacidad para vislumbrar la complejidad de los sistemas que nos rigen.
Por no hablar ya de la pertenencia a una confesión religiosa. Esa vaguería espiritual con respuestas para todo como en los juegos de los niños. Una verdadera provocación. Como la de esos musulmanes entre nosotros que pregonan su arrogancia por medio de disfraces ridículos que les identifican como tales. Olvidan los muy estúpidos los espantosos motivos que nos han dado para que andemos muy cabreados con ellos. Es, por así decirlo, como si quisiesen prender la mecha de una vez por todas.
Y ese nuevo rico que se muere por dar noticia de su éxito y no hace otra cosa que poner tras sus pasos a todos las charlatanes que quieren vivir del cuento. El pobre desgraciado compra todas las motos rotas del mercado. Y ni siquiera da pena.
En fin, a quién en su sano juicio le puede importar de donde eres, lo que tienes, lo que piensas, lo que crees. En todo caso, si algo importase de alguien, sería por lo que sabe hacer, por lo que le ha costado saber hacer lo que hace, que eso sí que comporta mérito. Y el mérito, quizá, sí que tendría derecho al orgullo. No sé.
martes, 22 de marzo de 2011
La cabra tira al monte
Hace ya bastantes años, alguien que paseaba en compañía de un famoso torero le dijo señalando a uno que pasaba por allí: "mira, ese es Ortega y Gasset". "Y a qué se dedica ese señor", preguntó el torero. "A la filosofía", le respondió. "Desde luego que tiene que haber gente pa to", apostilló el maestro.
Una verdad como una catedral. Hay gente pa to. Y a veces poca y a veces mucha gente pa lo mismo. Y cuando es mucha, entonces, decimos que eso se ha puesto de moda. Y, de ahí, a la moda me mola para unos, a la moda me mata para otros.
Porque la realidad es que hay gente que piensa que determinadas actividades se engrandecen cuando se practican en petit comité. Kant, por ejemplo, decía respecto de sus actividades sociales que "ni menos de tres, ni más de siete". Bueno, para mí ese es un buen modelo.
Un modelo que, sin lugar a dudas, aplicaría con gusto a los paseos por la montaña. Y siento decirlo, porque más amable no pudo ser toda la gente con la que trabé conversación en la reciente excursión por los Collados del Asón. Pero es que no conseguí evitar en momento alguno la sensación de multitud en movimiento. Como de éxodo en busca de la tierra prometida. Y ya no digo nada de cuando nos topamos con la centuria de Suances, todos tan equipados... para esto, me dije, mejor la Calle Preciados.
Lo de ir a la montaña, creo, tiene algo que ver con lo del famoso "eterno retorno". En este caso, al "estado de naturaleza". A un mundo regido por la fuerza y el deseo. Es, por así decirlo, una forma de ponerse a prueba, de medirse con los elementos.
También, si quieren, una forma de ascesis, de intento de purificación del espíritu por medio del esfuerzo y la privación. Porque, ¿acaso no hubiesen podido todos aquellos esforzados paseantes pasar el día tumbados sobre las doradas arenas y a régimen de sandwiches de pularda, espárragos "cojonudos" y cervezas refrigeradas?
Aunque no siempre tiene por qué ser así. Para muchos cuenta sobre todo la vida social. Un marco de incomparable belleza para una jornada de convivencia. Se ha de suponer que así, condicionados por tal entorno, se engrasa el fluir de las buenas vibraciones. ¡Qué duda cabe! Dos pájaros de un tiro: cultivo de la amistad en comunión con la naturaleza.
Luego, no lo olvidemos, está el placer del conocer. Saber qué es lo que ves y el porqué de que así sea. Y la naturaleza es un libro abierto para aprender sobre nosotros mismos. Y si la naturaleza es salvaje, más abierto todavía. Entonces, ya sólo falta tener al lado alguien que sepa leer en él y guste comunicarlo.
En fin, Teresa, me pedías que escribiese algo sobre la salida del domingo y, dado que los hechos, tal como fueron, ya los relataste tú de forma que creo insuperable, he creido que divagar un poco sobre las cosas de la vida podría venir a cuento. Lamentaría mucho haber ofendido a alguien. Porque el caso es que me lo pasé muy bien y estoy muy agradecido por la invitación a participar que me hicisteis. Pero soy como soy y, no sólo por razones sentimentales sino también prácticas, prefiero adaptarme al modelo kantiano para este tipo de acvtividades. Es que, además, a estas edades, economía obliga. Uno no puede, ya, despilfarrar ni un ápice de la energía que le queda. Que no es mucha. Y las multitudes, no lo ignoremos, chupan de eso de lo lindo.
Coda.- Aunque, no me cuesta reconocer que, entre siete y veinte, tampoco es tanta la diferencia.
,
lunes, 21 de marzo de 2011
Los Collados del Asón

Ayer pasé el día correteando por Los Collados del Asón en compañía de un nutrido grupo de personas. En honor a la verdad tengo que decir que acabé reventado que no es en balde que los años pasen. A las nueve y media de la noche caí en la cama como un leño y hasta las siete de hoy no he tenido noticia del mundo. Y justo, después de desayunar, al abrir el correo, me he encontrado con esta bella memoria de lo que fue el día de ayer. La envía Teresa.
Hola a tod@s
Hoy despedimos el invierno con un día primaveral en los Collados del Asón, un paraje extraordinario al que convendría volver en cada estación para descubrirla diferente cada vez.
Salimos de Santander a las 9:30 en los coches de Silvia, Alfonso y Maxi. Nos encontramos en La Gándara con el resto del grupo y desde allí nos dirigimos a la salida de la ruta.
El paisaje aún conservaba los últimos neveros en las cumbres y en las zonas sombrías pero hizo un día espléndido y la naturaleza se mostraba en plena ebullición a cada paso, entre las hojas del suelo, las brotes de los árboles y las primeras flores de la primavera: lilas, narcisos,..en un espectáculo fabuloso de color y vitalidad .
Admiramos las siluetas de los árboles centenarios con las ramas desnudas, el brillo de los acebos resplandecientes bajo la luz del sol, el porte señorial de los hayedos...y sobre todo la belleza geológica del entorno que nos dio la bienvenida con una vista aérea sobre el cañón del río Asón y su cascada, un poljé de montaña que Liam explicó a todo el grupo, zonas kárstica con fallas profundas...y nos sorprendía a cada paso con nuevas panorámicas.
Comimos en medio de un hayedo y ya de vuelta al aparcamiento compartimos camino con una centuria de senderistas de Suances y Santander que habían llegado hasta allí en dos autobuses.
Nos fuimos a La Gándara a disfrutar de sus cascadas y después volvimos a Santander huyendo de los bares abarrotados que ofrecían el partido del Racing contra el Osasuna
Fuimos 20 en total, con algunas caras nuevas, que esperamos volver a ver en próximas salidas. Hubo representación italiana,irlandesa y española.
Fijamos la próxima salida -aún sin determinar -para el 27 de Marzo ( día del cambio de hora: ¡¡cuidado!!).
Os mando algunas fotos de hoy.
¡¡Feliz semana y buena entrada de primavera a todos!
Un abrazo y seguimos en contacto:
Teresa
sábado, 19 de marzo de 2011
Instalaciones
Bien, pues las propuestas, supongo, han sido nucleadas, de acuerdo a la política cultural que está implementando la Consejería de Cultura, permitiendo la posibilidad de construir una exposición pensando en la estética relacional como punto de partida.
Un programa que incentiva a explorar, cultivar y desarrollar intuiciones, a conceptualizar y argumentar propuestas, a perseguir sueños, a aprehender vivencias, a materializar ideas, a concretar proyectos.
Pues eso, como les venía diciendo, si quieren pasar un buen día de primavera, agarren la bicicleta, súbanse con ella al tren, apéense en Ceceñas y pónganse a pedalear por la tupida red de caminitos entre praderías que interrelacionan a las gentes de aquellos valles. La verdad es que está todo tan cuidado, un punto cursi si quieren, que, a veces, tienes la sensación de estar poco menos que en Suiza, lo que ya es decir. Lo cual, tampoco es raro dado que, a las privilegiadas características geográficas del lugar, ha querido la fortuna que se sumase la circunstancia de tener, concretamente, el Ayuntamiento de Riotuerto, un alcalde ilustrado.
Pero es que además, como si de redondear el encanto se tratase, hay algunos vecinos que por no poder sustraerse al impulso creador, por seguir las directivas de la Consejería de Cultura del Conceju Nacionalegu Cántabru, o por lo que sea, han utilizado sus "backyards", o sus jardines, para montar Instalaciones que por su originalidad y la calidad de sus propuestas dejan atónito al cicloturista, cual fue nuestro caso.
Coda.- Al artista de la instalación que les muestro en primer lugar, no le gustó un pelo que la fotografiase. Seguramente su mosqueo era debido a que no consideraba terminada la obra. O, quién sabe, quizá temía una avalancha de turistas en busca de sensaciones espirituales.
jueves, 17 de marzo de 2011
Esparta cae bien
Desde que tenemos memoria escrita, unos 2500 años o así, la tensión narrativa ha estado siempre sustentada en la disputa entre dos formas de concebir el poder: la espartana y la ateniense. Aristocrática o democrática.
Recuerdo un artículo en el que Umbral consiguió agradarme porque me confirmó en lo que yo venía pensando hacía ya tiempo: que el enfrentamiento entre la URSS y los EEUU era la versión actualizada del que habían tenido Esparta y Atenas.
Pienso en estas cosas porque recientemente he visto dos películas que me lo han recordado. Una, "Lo que el viento se llevó" y la otra, "Guerra y Paz". Bien, pues he creído entender que en las dos se narra una versión adaptada a su época del conflicto del que les hablo. Y aún les diría más, creo que en las dos la simpatía se decanta hacia el lado espartano.
-Esparta, una minoría aristocrática que se reparte el poder y la hacienda y, por ende, toma en sus manos la defensa de la patria. El resto, los ilotas, sin más derechos que los que se derivan de permanecer fiel a su amo.
-Atenas, exclusión hecha de los esclavos, todos son iguales ante la ley y, también, todos están obligados a tomar las armas cuando la patria está en peligro.
-"Lo que el viento se llevó", el sur latifundista y esclavista es Esparta y el norte industrial e igualitario es Atenas.
-"Guerra y Paz", la Rusia feudal y adormecida es Esparta, la Francia de los derechos humanos es Atenas.
En las Guerras del Peloponeso ganó Esparta. En la Guerra de Secesión le toco el turno a Atenas. En
las napoleónicas el modelo no se puede generalizar, pero en el lo que hace a la campaña rusa quedó claro el triunfo de Esparta.
Y la URSS, ¿qué era sino Esparta? La "vanguardia del proletariado" haciendo de señoritos y el proletariado de ilotas.Y perdió frente a la Atenas americana.
Pero, ¿y las simpatías?, ¿de qué lado se decantan? Platón, por su parte, dejó claras sus preferencias: su "República" es Esparta. Margaret Mitchell -Gone with the wind-, lo mismo. Tolstoi -Guerra y Paz-, más matizado si quieren, pero lo mismo. Y la progresía universal, ni que decir tiene que exactamente igual. En definitiva, que lo que de verdad nos mola a poco que bajemos la guardia es el viejo orden: unos pocos que tienen y mandan, por un lado, y otros muchos que no tienen y obedecen por el otro.
Bueno, me viene a la memoria aquella película de Fernando Fernán-Gómez en la que se sostiene la tesis de que se vive mucho mejor como esclavo de una familia burguesa que como jefe de un departamento universitario. Para pensar.
Recuerdo un artículo en el que Umbral consiguió agradarme porque me confirmó en lo que yo venía pensando hacía ya tiempo: que el enfrentamiento entre la URSS y los EEUU era la versión actualizada del que habían tenido Esparta y Atenas.
Pienso en estas cosas porque recientemente he visto dos películas que me lo han recordado. Una, "Lo que el viento se llevó" y la otra, "Guerra y Paz". Bien, pues he creído entender que en las dos se narra una versión adaptada a su época del conflicto del que les hablo. Y aún les diría más, creo que en las dos la simpatía se decanta hacia el lado espartano.
-Esparta, una minoría aristocrática que se reparte el poder y la hacienda y, por ende, toma en sus manos la defensa de la patria. El resto, los ilotas, sin más derechos que los que se derivan de permanecer fiel a su amo.
-Atenas, exclusión hecha de los esclavos, todos son iguales ante la ley y, también, todos están obligados a tomar las armas cuando la patria está en peligro.
-"Lo que el viento se llevó", el sur latifundista y esclavista es Esparta y el norte industrial e igualitario es Atenas.
-"Guerra y Paz", la Rusia feudal y adormecida es Esparta, la Francia de los derechos humanos es Atenas.
En las Guerras del Peloponeso ganó Esparta. En la Guerra de Secesión le toco el turno a Atenas. En
las napoleónicas el modelo no se puede generalizar, pero en el lo que hace a la campaña rusa quedó claro el triunfo de Esparta.
Y la URSS, ¿qué era sino Esparta? La "vanguardia del proletariado" haciendo de señoritos y el proletariado de ilotas.Y perdió frente a la Atenas americana.
Pero, ¿y las simpatías?, ¿de qué lado se decantan? Platón, por su parte, dejó claras sus preferencias: su "República" es Esparta. Margaret Mitchell -Gone with the wind-, lo mismo. Tolstoi -Guerra y Paz-, más matizado si quieren, pero lo mismo. Y la progresía universal, ni que decir tiene que exactamente igual. En definitiva, que lo que de verdad nos mola a poco que bajemos la guardia es el viejo orden: unos pocos que tienen y mandan, por un lado, y otros muchos que no tienen y obedecen por el otro.
Bueno, me viene a la memoria aquella película de Fernando Fernán-Gómez en la que se sostiene la tesis de que se vive mucho mejor como esclavo de una familia burguesa que como jefe de un departamento universitario. Para pensar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



