domingo, 6 de septiembre de 2026

Lo que dura, dura


Cortesía del blog La berza y el tocino 


«Con su pan se lo coma; no le arriendo la ganancia: día de juicio hay, donde todo saldrá en la colada, y entonces se verá quién fue Callejas...»

Rinconete le ha robado la bolsa al sacristán que le había contratado para que le llevase unos paquetes. El sacristán desesperado le pregunta si sabe algo, porque, además, se da el caso de que el dinero que iba en la bolsa era del tercio de una capellanía... o sea, seamos francos, dinero robado por la Iglesia so capa de ayudar a la gente a subir al cielo.

La Iglesia fue durante siglos la mafia hegemónica. Como ahora la política; ella ayudaba a la gente a subir al cielo y esta mafia de ahora la ayuda a conseguir el paraíso en la tierra. En definitiva, curas en aquel entonces, y políticos ahora, parasitando a la gente del común. Gente que, cuando no es tonta, como es el caso de Rinconete, echa mano del cinismo y con, con cara de palo, contesta al sacristán con las armas que la propia Iglesia le ha proporcionado: el miedo al juicio del día final. ¿Cómo voy a robar yo sabiendo que llegará el día que tendré que rendir cuentas ante Dios? Ahí, el sacristán, se queda sin argumentos so pena de confesar su embuste. ¡El juicio final! ¡Ya te digo! Como decía el otro, ¡cuán largo me lo fiais!

Es lo que tiene esto de las mafias que, más antes que tarde, la gente del común cae en la cuenta de que la mejor forma de convivir con ellas es el cinismo. O sea, combatiéndolas con sus propias armas. Por ejemplo, aquí, justo enfrente, vive una pareja por los cuarenta, debidamente tatuada, con su perro a la moda, que se pasan la vida tumbados en la cama; de vez en cuando entornan las contraventanas y corren las cortinas buscando discreción para sus expansiones amorosas... terminadas las cuales, desentornan las contraventanas, descorren las cortinas y, apoyados de codos en el alfeizar, se ponen a fumar un porro al alimón. Ellos, ¡benditos!, no hacen otra cosa que hacer honor al mito que les vende la actual mafia en el poder: el Estado del Bienestar. ¿No es eso lo que queréis? Pues nosotros lo compramos y aquí paz y después gloria.

En los últimos tiempos de mi padre, a veces le acompañaba en su paseo matutino por Rosales. El hombre apenas hablaba si no era para expresar un desengaño. Yo tampoco sabía qué decir, pero recuerdo que un día pensé que a lo que me acababa de decir le venía como de molde el chiste de cuánto dura un polvo. «¿Sabes cuánto dura un polvo?», le dije. Me miró como extrañado. «Pues lo que dura, dura», remate. Lo pilló al instante y fue la última vez que le vi reírse con ganas.

Pues bien, la lógica de las mafias es la del polvo: duran lo que dura, dura; después todo queda flácido y tal, pero que me quiten lo bailao. Y siempre estamos en eso: después de un polvo, otro; después de una mafia, otra. Y para mí que, esta que está en el machito ahora, ya se está quedando muy flácida... ni con Viagra se puede neutralizar la oleada de cinismo que al presente nos está señoreando. ¡A mí me das la paguita y como si te la machacas!

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