sábado, 7 de noviembre de 2026

Tovar

Me envía Jacobo el enlace a la entrevista que Joaquín Soler Serrano le hiciera a Antonio Tovar en Televisión Española el año 77 del siglo pasado. Yo, de Tovar solo sabía que era el marido de aquella señora que venía con su hermana y su cuñado a tomar el té en casa algunas tardes de verano. El cuñado, creo recordar, era un notario de Madrid que en su juventud había sido de la pandilla de mi madre. En cualquier caso, en aquella pandilla de mi madre, a juzgar por la gente que muchos años después pasó por casa a tomar el té, había gente muy sobresaliente; la razón para ello debió ser que mi abuelo mandó a sus hijas a estudiar a un colegio muy postinero de Madrid. Y es que las cosas no cambian; se envía a los hijos a los colegios caros no solo por la enseñanza que allí reciben, que suele ser mejor, si no, sobre todo, por las relaciones sociales que allí se establecen. Esto de las relaciones sociales es algo que la garrulería imperante impide comprender, pero, a la postre, es, si no lo más importante, si mucho, para tirar hacia delante en la vida.

Sea como sea, en esa entrevista, cualquiera que no esté corrompido por la ideología de todo tipo, puede sacar mucha más información histórica de la que, por ejemplo, se adquiere haciendo un master de Historia Contemporánea en cualquier universidad de provincias, que ahora lo son todas. Tovar es la historia de una pasión por conocer cosas prácticas donde las haya, es decir, las lenguas. Conocía tantas que, la mitología que se ha construido alrededor de su sabiduría, nos quiere dar a entender que las sabía todas. Fuera como fuese el asunto, su prestigio le colocó en el centro de los acontecimientos políticos cuando todavía era un mozo como quien dice. Entre otras cosas hizo de interprete entre Franco y Hitler, lo cual no está nada mal a efectos de poder contar cosas a tus nietos.

Pero lo más interesante de esa entrevista es la elegancia con la que el entrevistado hace referencia a las luchas entre corrientes de pensamiento que hubo en aquella España desbastada por la guerra. Siempre, en todas las partes del mundo, incluso en las tiranías más monolíticas, hay batallas culturales entre las diferentes concepciones sobre la mejor manera para avanzar hacia el paraíso. Y siempre se imponen unas concepciones sobre otras, generalmente, las más apropiadas para salir del paso sin tener en cuenta la posible hambre del mañana. Es todo cuestión de lo profundo que se cava para asentar los cimientos. Claro, personas como Tovar quieren cavar hondo y, justamente por eso es por lo que son apartados con toda la lógica del mundo. Cavar hondo retrasa los resultados y la sociedad es, por naturaleza, impaciente.

Y así fue que, gracias a ese apartamiento, Tovar pudo dedicarse a cultivar a tiempo completo su «realce rey» y con ello dejar una obra que no sé si se podrá parangonar a la de Nebrija, pero, en cualquier caso, para quitar el hipo de los más exigentes. En fin, ya ven ustedes, aquellos años que la doctrina oficial nos quiere hacer ver como los más sórdidos de la historia... mira que hay que ser zoquetes para tragarse tal embuste. No hay más que escuchar a Tovar para saber que la sordidez estaba donde siempre ha estado y estará, pero una cosa es dejarla campar por sus respetos y otra tenerla bajo mano para que los Tovar de turno puedan ebullir y, con ello, elevar unos cuantos grados el nivel de civilización de la patria. Lo hizo Pisístrato en Atenas, Franco en España y tantos y tantos tiranos en el mundo. Así han sido las cosas de este mundo y utilizar tópicos para analizarlas solo sirve para acabar a tortas.

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