Cortesía del Blog La berza y el tocino
Estaba ayer escribiendo en este blog, cuando, porque algo toqué inadvertidamente, o por lo que fuera que fuese, de pronto apareció en pantalla un informe hecho por la IA sobre este mismo blog. Lo leí y quedé patidifuso. No sé si habrá humano que hubiese sido capaz de ser tan aquilatado e, incluso, puntilloso; lo que sí sé, a ciencia cierta, es que, si el informe lo hubiera hecho yo, por comparación, hubiese sido un churro. Me quedé un tanto mosca, preguntándome por el sentido de todo esto: ¿realmente merece la pena seguir adelante?
Nunca se me va de la cabeza aquella película protagonizada por Kirk Douglas de título "Lonely are the Brave", que fue traducido al español como "Los valientes andan solos". La película es una especie de Ingenioso Hidalgo contemporáneo en la que hasta el Sancho resulta ser un bluff. Hay una escena, creo recordar que es al inicio, en la que se ve al protagonista en su condición de vaquero, tranquilamente recostado en su silla, mascando el tallo de una yerba mientras contempla las extensas praderas que tiene por delante. En esto que levanta la vista al cielo y ¿qué es lo que ve? Pues las estelas que va dejando un avión a reacción. Es una película de los primeros sesenta del siglo pasado: un mundo que no había acabado de irse y otro que ya estaba aquí con toda su prepotencia. Al final, el vaquero, después de vivir su epopeya, acaba de mala manera, de la forma más tonta. Algo así como la aventura de los molinos de viento.
Es, salvando las distancias, como esos pobres chavales que se han apoltronado en la Puerta de Sol, con sus quechuas por toda armadura; escuchaba ayer a uno de ellos que decía: aquí estamos peleando por nuestro futuro. Ya he oído varias veces estos últimos días lo de «aquí estamos peleando». ¡Bonita manera de pelear! Me recuerdan a Guzmán de Alfarache cuanto trocaba al trascantón. Pero, en fin, el caso es ese, que no hay manera de que algunos, o muchos, bajen de las nubes o, si mejor quieren, acepten la realidad tal cual es.
En resumidas cuentas, que el mundo sigue su curso y no hay mayor tontería que ponerse de frente a él para intentar cerrarle el paso. Así, de todas, todas, te arrollará. Lo suyo es, como siempre fue, pedir la protección de la diosa Atenea para que te ayude a hacerte a un lado desde el que poder observar, meditar y, a la postre, echar mano de lo que pudiera servirte sin pagar por ello un precio excesivo. ¡Ay, el precio! ¡Qué poco lo solemos tener en cuenta cuando las ganas de joder aprietan! Ya digo, ¡estamos peleando!