A veces no sé si lo que leo, escucho o veo, en las redes es el presente o es que sigo leyendo las memorias de Casanova. Es inevitable que haya una revolución, decía, tras describir la corrupción, la inepcia, el nepotismo y, sobre todo, la ceguera, de la clase dirigente francesa, los aristócratas en aquel entonces. El poder absoluto, el que da el tener el monopolio de la violencia —no se engañen al respecto—, si algo produce en quien lo sustenta, eso es, por encima de todo, ceguera. Aquellos aristócratas se negaban a ver la realidad de una sociedad profundamente cambiada merced a los avances científicos y tecnológicos que se acababan de producir en el mundo. A esta chusma parasitaria que gobierna ahora le pasa tres cuartos de lo mismo; se creen que con el cesto del monopolio de la violencia en sus manos van a poder retener el agua de las redes sociales y todas esas cosas que hoy día están al alcance hasta de los niños. Claro, no hay más que oírlos hablar para darse cuenta de que son los últimos de la clase.
El caso es que han aparecido por ahí unos sans culottes que tienen a los detentadores del monopolio de la violencia con el culo prieto. Ayer, los medios tradicionales repetían una y otra vez que habían detenido al líder de los sans culotte, o sea, que nos querían dar a entender que el poder ya lo tiene todo bajo mano. Así de necios son. Cualquiera que haya leído dos líneas de historia, sabe que los sans culottes, por definición, son un movimiento en sábana, anárquico, de hartazgo, y que solo se puede contener poniendo guillotinas en las plazas públicas para que los sans culottes vean rodar unas cuantas cabezas de la versión actual de aquellos aristócratas viviendo fuera de la realidad imperante.
Por lo visto estos sans culottes se hacen llamar Bocus y se coordinan para sus actos de sabotaje y saqueo por medio de las redes sociales. O sea, que lo tienen chupado. Porque es que, además, nunca estuvo tan clara la motivación. Y es que, resulta que, estos gobernantes vienen, ya hace demasiado tiempo, manteniéndose en el poder gracias a un estado de fiesta permanente que han pagado con dinero prestado; el problema es que, justo ahora, los prestamistas han cortado el grifo y la fiesta se ha acabado... y, para más inri, los sans culottes se han metido la mano en el bolsillo y han sacado un papel que ha resultado ser la factura a pagar de todos los prestamos pedidos por sus señoritos de toda la vida. Así, como ven, la cosa no puede estar más chunga.
Es la historia que se repite machaconamente. Y es que si hay algo que caracterice al ser humano eso es su incapacidad para aprender de sus propios errores. Ya lo dice la sabiduría popular: el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. En realidad, toda la Biblia va de eso, caer, recuperarse y volver a caer. O dicho de otro modo: ídolos, temor de Dios, ídolos. Personalmente, no creo que vayamos a poder escapar nunca de este círculo infernal. Aunque, quizá, si se dejase que la gente se responsabilizase de su propia vida, es decir, que tuviese armas en casa, los ciclos serían más lentos. Y es que, mis queridos compatriotas, ¡apéense del burro!: sin Biblia y sin fúsil, en cuatro días, todos sans culottes.
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