miércoles, 28 de octubre de 2026

Un monde révolu




Un atardecer de verano en la plaza de un pueblo de Francia, quizá en la Dordogna, o el Aveyron, o el Tarn, da igual, bajo los plátanos y castaños de indias, un pequeño grupo de vecinos, autóctonos y veraneantes de toda la vida, todos bien avenidos, se reúnen a escuchar a la hija de los ingleses que un día decidieron instalarse allí. Ella, Alexandra Whittingham, con una guitarra entre las manos, es como una diosa; les está interpretando Tango en Skay, la pieza de Roland Dyens que hizo fortuna y que, por eso, ningún guitarrista que se precie puede obviar en su repertorio... siempre me digo que, quizá algún día me atreva con ella, aunque soy consciente de que, decir «algún día» a mi edad, suena un poco arriesgado.

Es como una reminiscencia de aquella joie de vivre que se decía: una sociedad cultivada, productiva, que sabía divertirse con clase. Todos teníamos mitificada a aquella Francia de la que, según he oído decir al melancólico Houellebecq, no es que quede mucho. Y es que, seguramente, la joie de vivre, prolongada en el tiempo, produce fatiga de materiales. No hay que olvidar que, aquella corriente de pensamiento que se dio en llamar estructuralismo francés, junto con otra que venía de Frankfurt, según dicen los entendidos, está en el origen de esta especie de hecatombe de los valores tradicionales que se conoce como filosofía woke o, también, marxismo cultural.

Esa imagen, contémplenla con detenimiento porque tiene mucha miga. Hay ahí algo de esa serenidad que da la cultura del esfuerzo. Todos saben lo que hay detrás de esa naturalidad con la que Alexandra interpreta a Dyens: miles de horas de trabajo y, también, un toque divino; lo uno sin lo otro pierde toda su magia. Y porque saben lo que hay detrás, es que escuchan con reverencia, como si estuviesen recibiendo un regalo de los cielos. Esa es la verdadera joie de vivre, un estado del espíritu que solo se consigue tras ganar una batalla, la de la tarea bien hecha, quizá.

Un monde révolu, dicen los franceses para expresar lo que fue y ya no es. Claro que, el que te tuvo, retuvo, y como muestra de ello, ahí está esa foto que los bárbaros venidos de otras latitudes tardarán generaciones en saber apreciar, si es que algún día lo consiguen.

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