lunes, 21 de septiembre de 2026

Hemipléjicos morales

Cortesía del blog La berza y el tocino


El otro día me apareció súbitamente en el teléfono un vídeo en el que se veía a un numeroso grupo de chiquillos con banderas de España y gritando: ¡judío que veo, judío que pateo! Me recordó mucho a aquella famosa película sobre el auge del nazismo, Cabaret. Claro, se da el caso de que el gobierno de la nazión, un acabado, donde los haya, modelo de nazismo, ha propagado por tierra, mar y aire, el venenoso bulo de que detrás de la invasión de Ceuta está el estado de Israel. O sea, ya hemos dado el siguiente paso: la manipulación de los adolescentes. A partir de ahí, ya solo hay que repartir las porras para poner a todo el mundo firme.

Todo esto, claro está, no es otra cosa que una de las consecuencias de la desesperación en la que está viviendo estos días la oligarquía de hierro que venía desde hace ya bastante tiempo metiéndosela doblada al personal sin que el personal se enterase para nada... ya saben, con la milonga esa de la democracia: ¡son ustedes más libres que nunca!, ha sido el mantra que ha estado resonando en todos los altavoces mediaticos convenientemente engrasados con el dinero sacado a la fuerza de los bolsillos de la ciudadanía sumisa.

Los judíos, el tradicional chivo expiatorio. Nunca falla. ¿A quienes van a odiar más los que nunca satisfacen sus ansias de disfrute que a los que no creen en el disfrute como meta de su vida? Una gente malvada que pone en el cento de todas sus preocupaciones la educación de sus hijos. Ellos son tan desgraciados que no creen en otro cielo que el del recuerdo que dejan a los suyos de su paso por la tierra. Es eso lo que les incita a ser respetuosos con las leyes no escritas del cielo que, vendrían a ser, poco mas o menos, las que Dios dictó a Moisés en las cumbres del monte Sinaí.

Así que, no se dejen engañar, lo de Ceuta no es más que otra artimaña de la oligarquía desesperada en busca de chivos expiatorios. ¡Nos conviene que haya tensión!, comentó a micrófono abierto un tonto del culo que, inexplicablemente, había conseguido colarse entre esa oligarquía. Porque eso es otro de los signos premonitorios del derrumbe, que los tontos del culo se cuelen entre los que habían venido moviendo los hilos sigilosamente.

Dado todo lo cual, ahora ya solo nos queda esperar a ver cuántos judíos será preciso mandar a las cámaras de gas para que todo esto se sosiegue... aunque me parece a mí que esta vez va a haber mucha frustración entre el respetable, porque, los judíos, todo parece indicar que ya no están por la labor de dejarse hacer. A lo mejor, quién sabe, si les sustituyésemos por hemipléjicos morales, que decía Ortega, la cosa podría tirar hacia delante. ¡Gasear hemipléjicos morales! ¡Qué pasada!

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